HOMILÍA CARD. RENATO R. MARTINO [1]

Publicado: Viernes, 06 Junio 2014
VÍSPERAS DE LA SOLEMNIDAD LITÚRGICA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD - HOMILÍA CARD. RENATO R. MARTINO [1] Esta tarde estamos celebrando ya la solemnidad de la Santísima Trinidad, una fiesta litúrgica que nos invita a dar gloria -con el reconocimiento agradecido, con la palabra y con el testimonio de nuestra vida-, a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero, como aprendimos en el catecismo. Allí aprendimos también que hemos sido creados para amar y servir a Dios en esta vida y para gozarlo eternamente en la otra. La celebración de hoy quiere ayudarnos a confirmar que nuestra fe en el Dios Uno y Trino, es la fe en el Dios protagonista de la historia de la salvación. Esto significa que nuestra profesión de fe no se refiere a una idea abstracta, sino a un Dios que se manifiesta personalmente en la historia, asumiendo el rostro del Padre Creador, del Hijo Redentor y del Espíritu Santificador. Por lo tanto, la celebración del misterio de la Santísima Trinidad es la celebración de la vida y de la salvación. Si quisiéramos buscar una palabra capaz de sintetizar el mensaje de la palabra de Dios y del misterio de la Trinidad, ésta sería el sustantivo "amor". El Dios que, por amor, llama y protege a su Pueblo con signos y prodigios, es el mismo Señor que dona el Espíritu que -como hermanos- nos hace llamar a Dios Abbà Padre, y es también el Dios que nos promete permanecer "con nosotros hasta el fin del mundo". El Compendio de la doctrina social de la Iglesia, que se debe leer en clave trinitaria, tiene un párrafo muy acorde a la solemnidad de hoy: "El Rostro de Dios, revelado progresivamente en la historia de la salvación, resplandece plenamente en el Rostro de Jesucristo Crucificado y Resucitado. Dios es Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, realmente distintos y realmente uno, porque son comunión infinita de amor. El amor gratuito de Dios por la humanidad se revela, ante todo, como amor frontal del Padre, de quien todo proviene; como comunicación gratuita que el Hijo hace de este amor, volviéndose a entregar al Padre y entregándose a los hombres; como fecundidad siempre nueva del amor divino que el Espíritu Santo infunde en el corazón de los hombres" (n. 31). La primera lectura tiene como tema principal, el monoteísmo y la elección que caracterizan a Israel y su relación con Dios. Este pasaje del Antiguo Testamento es una respuesta a las dudas e incertidumbres que brotaban al interno de una comunidad creyente que resurgía de las cenizas del exilio en Babilonia y atravesaba por una crisis de identidad. Moisés invita a los israelitas a recordar que Dios los liberó, que Dios no es ajeno e inaccesible, sino que el Dios de la Alianza entra y comparte la historia con su pueblo: " ¿Intentó algún dios acudir a sacarse un pueblo de en medio de otro con pruebas, signos y prodigios... con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, como hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros contra los egipcios, ante vuestros ojos? ". Esto a nosotros nos recuerda también que Dios, en Jesucristo por el Espíritu, ha hecho prodigios en nuestro favor, ha transformado nuestra vida cotidiana en historia de salvación. Por ello es necesario buscarlo, no en la sabiduría humana que se envuelve y confunde con mil y un razonamientos, muchas veces mezquinos, sino en las profundas contradicciones de la historia, en las vicisitudes de la propia existencia personal, con la fe y el corazón disponible y abierto, recordando las maravillas que Dios ha hecho con nosotros y por nosotros, entonces -y porque a pesar de nuestras infidelidades Él permanece fiel-, lo encontraremos llamándonos a su encuentro. Recordar nos hace encontrar a Dios, al Dios que con amor nos ha liberado, porque con el mismo infinito amor nos ha creado. La segunda lectura, es una de las páginas básicas del Nuevo Testamento, nos recuerda a los cristianos que en Jesucristo somos hijos de Dios: a través del don del Espíritu y en la muerte y resurrección de Jesús, el Padre nos une a él. La perspectiva trinitaria nos abre a un horizonte de comunión con Dios y con los hermanos. Cuando nos abrimos al Espíritu del Señor y le damos acogida, Él desborda nuestros esquemas, supera nuestras metas y completa nuestros proyectos. El Espíritu del Señor nos hace tomar conciencia de la dimensión cristiana de nuestra vida, marcada por la gracia; nos libera y nos hace capaces de acoger el don de amor del Padre y del Hijo, volviéndolo a donar a Dios a través del amor a los hermanos. Es necesario para nosotros discernir, en el fluir del tiempo, los signos de Dios que interviene como liberación de la esclavitud y del miedo. Todo esto hace posible pasar de una sumisión servil a la divinidad, a una relación filial en la que si "compartimos su pasión", podemos compartir también su gloria. El trabajo interior del Espíritu tiende a hacer de nosotros verdaderos hijos de Dios, personas inmersas en la libertad que, si es auténtica, se basa en la verdad y se emplea en el amor servicial a los hermanos. El Evangelio corona la perspectiva de las dos primeras lecturas: es Jesús mismo que, enviando a predicar en el mundo a quien cree en Él, nos garantiza que Él estará con nosotros siempre, "hasta el fin del mundo". En Galilea, donde Jesús ha realizado los signos de la salvación, se encuentra por última vez con sus discípulos. Los convoca sobre el monte, como en el día de la Transfiguración y de la proclamación de las Bienaventuranzas. Allí, el Resucitado recapitula la historia, abriendo a toda la humanidad el don de su vida. A esta inmensa tarea nos asocia también a nosotros. Nos pide presentar ante el mundo el rostro verdadero de Dios, que se ha revelado el Emanuel, el Dios con nosotros. Nuestra historia con frecuencia entumecida en sus articulaciones, oscura en sus proyectos, ambigua en sus propuestas, necesita constructores de esperanza y de futuro. No necesita de actitudes y comportamientos "extraños" e inútiles de parte de los cristianos, sino que reclama hombres y mujeres que con el estilo profético de quienes viven de Dios, están seguros que la historia, llegada a su término, encontrará el fin verdadero de la vida humana, el abrazo de comunión plena con el Padre que nos ha creado, con el Hijo que nos ha redimido y con el Espíritu que nos ha santificado. [1] Presidente del Pontificio Consejo "Justicia y Paz"

Situación Comunidad Qom

Reunión entre Mons. Lozano con diputados nacionales y dirigentes sociales por la situación de la comunidad Qom.

 

 

Monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal  de Pastoral Social, se reunió con Victoria Donda (Libres del Sur), Alicia Ciciliani (Socialismo), Virginia Linares y Cristina Calvo (GEN), Ricardo Alfonsín (UCR), Alfonso Prat Gay (Coalición Cívica-ARI), María Elena Barbagelatta (Socialismo), Humberto Tumini (Libres del Sur) para interiorizarse del conflicto que está viviendo la comunidad Qom La Primavera  de Formosa.

 

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Reunión con CGT

Mons. Lozano se reunió con Moyano y dirigentes de CGT

 

En el marco de la realización de la Semana Social 2013, el presidente de la Comisión Episcopal  de Pastoral Social (CEPAS), Mons. Jorge Lozano se reunió con dirigentes sindicales.

 El encuentro tuvo lugar en la sede del Sindicato Único de Espectáculos Públicos (SUTEP) y participaron Hugo Moyano, Gerónimo “el Momo” Venegas, el secretario del SUTEP Miguel Ángel Paniagua, y cerca de 40 dirigentes y secretarios generales.

 

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Designación de nuevas autoridades

Designación de nuevas autoridades frente a la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

 

El actual Obispo de la Diócesis Gualeguaychú, Monseñor Jorge Lozano, fue elegido como presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social para el periodo 2011-2014. La designación se conoció durante la asamblea plenaria del Episcopado, que se desarrolló en la casa de ejercicios espirituales "El Cenáculo" en Pilar, Provincia de Buenos Aires, donde además se renovaron todos los cargos de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).

 

Por su parte,[...] fue designado como Secretario Ejecutivo de la misma, el Pbro. Adalberto Odstrcil.

 

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