Hacia la dignidad del trabajo

En la apertura del tercer panel central de la Semana Social de la Iglesia en Mar del Plata este domingo, la diputada nacional Fernanda Raverta trazó un dramático cuadro social sobre el desempleo, las carencias sociales, educativas  y alimentarias que afectan a la población marplatense y citó al Papa Francisco para destacar que “no hay democracia con hambre, ni desarrollo con pobreza, ni justicia sin equidad”. Subrayó  que este modelo economico neoliberal supone el descarte de los niños y los débiles como “una consecuencia inevitable”.

La legisladora marplatense denunció las dificultades de acceso a derechos sociales por parte de los mas necesitados y consideró una ”perversión que el sistema de pensionados y discapacitados funcionen esperando la muerte de un beneficiario para otorgar el alta de otro”. La cultura del descarte, dijo “no deja lugar para la comunidad ni para el cuidado de la casa común”.

Gustavo Beliz, ex ministro de Justicia y segundo orador del panel también se inspiró en Francisco para reclamar una economía con alma y convocó a pensar un nuevo pacto social “con una visión humanista de la tecnología”. Dijo que estamos ante una tecnología que nos aturde y nos somete al vértigo con teléfonos celulares que nos convierten en masivos productores digitales, con el riesgo de ser convertidos nosotros mismos en productos digitales”.

Tenemos niveles de pobreza a indigencia imperdonables, en donde el hambre material convive con el hambre digital, dijo Beliz y advirtió que “el manejo de los datos es hoy la nueva carrera armamentística, que puede crear armas biológicas de destrucción masiva. Se trata de el surgimiento de actores económicos más poderosos que la industria tradicional o las petroleras”.

Se refirió también al reciente acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, anunciado en estos días, que expresa el impacto de esta economía híbrida, que “tensiona la política social, ya que no se discute solo de aranceles y protecciones; lo que discute es tecnología y transferencia de datos y conocimientos en el sector productivo”.

Se trata, dijo, de “una economía inmaterial, con profundas consecuencias sobre nuestro aparato productivo, que está mapeando las personas y sus vidas personales en el interior biológico y psicológico a través del análisis de nuestro comportamiento con fines comerciales”. Ello, dijo “manipula nuestro comportamiento y las emociones frente a lo cual reclamó “garantizar la ética de los algoritmos, para que no fomenten la diferencia y la discriminación, lo que requiere de un pacto social humanista en el que la tecnología sirva para mejorar las condiciones de trabajo”.

Pablo Narvaja, titular de la carrera de ingeniería en comunicaciones de la Universidad Nacional de Lanús se refirió por su parte al documento de la Mesa del Diálogo y la Vida Digna presentado al titular del Episcopado argentino, monseñor Oscar Ojea bajo el título “Una patria fundada en la solidaridad y el trabajo” Destacó que ese texto ha sido fruto del amplio debate entre actores sociales, empresarios, industriales, del mundo del trabajo, del sector tecnológico y universitario y organizaciones organizaciones del sector rural, la sociedad civil, laicos, centrales de trabajadores y representantes de la economía social entre otros.

Narvaja reclamó no asociar al trabajo solamente con la dimensión económica, sino con su condición de “centro de la vida humana como herramienta de protección y promoción social, como organizador social, constitutivo de las personas y las familias”. Agregó que el trabajo “es un instrumento central de la ciudadanía; perder un trabajo es también perder un organizador social y la cadena de protección de la sociedad. Es mucho más que una variable económica”, enfatizó.

El representante académico denunció la financiarización de la economía en el marco de una economía globalizada basada en el principio de la renta, que prescinde de los trabajadores para aumentar sus ganancias. “Las relaciones laborales, dijo, no pueden estar regidas por el mercado. Escuchamos que se delegan las responsabilidades en los pobres y excluidos y se habla de la autogestión de la vida como si no fueran seres sociales. Se pierde el sentido de la democracia como expresión de una comunidad donde todos puedan participar a través del trabajo. Eso es lo que fortalece la democracia y se lo denosta como populismo”.

Narvaja rescató el valor de la educación en la promoción humama pero advirtió que “no se puede estudiar con hambre. La educación es importante en la medida que se conecte con su proyecto productivo y con un modelo de país que supere el extractivismo, que se base en el trabajo y no en la especulación financiera” .La política social verdadera, agregó, “es la que cambia las condiciones de vida de una sociedad, subordinando el acceso a los bienes para las personas con un sentido social. El trabajo es una política de vida, tiene una productividad social que muchas veces se pierde de vista”.

Monseñor Fernando Maletti en el cierre del panel reivindicó la cultura del trabajo, su dimensión social y su rol en la creación de la dignidad humana. Cerró reclamando “subordinar la economía a la política, lo que implica poner como destinatario de las políticas publicas al soberano de la democracia que es el pueblo mismo”.

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