La Patria Grande y el desafío de un Nuevo Pacto Económico para la Fraternidad

Ponencia de Mons. Jorge Lugones en la apertura de la segunda jornada de “Repensando la economía. Por una economía con rostro humano” en la ciudad de Paraná, Entre Ríos.

PARADIGMA RELACIONAL

Ante una crisis ecológica que ataca fuertemente a la región latinoamericana -crisis que es ambiental y social-, se da al mismo tiempo y de manera ambigua, el debate por la producción y el trabajo en medio de un cambio de paradigma de tipo tecnocrático. En ese contexto, Laudato Si propone como camino a la vida digna el paradigma relacional.

 

El carácter relacional de la creación se expresa en los modos de organización de la comunidad. Laudato Si promueve un modo de organización ecológica antes que económica, donde todo se perciba como conectado, porque todo está conectado. Un modo de organización de los pueblos, a partir de ellos mismos, en torno a la vida digna -antes que al lucro que lleva a los seres humanos Al descarte. Cuando la comunidad está organizada por modos económicos desconectados del cuidado de la vida, todo un sistema entra en crisis, no solo ambiental, sino también social.

 

Pensar un futuro común para los pueblos latinoamericanos, en condiciones sociales y ambientales que garanticen la vida digna para todos y todas, supone repensar la economía como modo de organización ecológica, es decir conectado, social,  ambiental y regionalmente. También rescatar a la política como herramienta de encuentro y construcción en comunidad.

 

CONVERSION ECOLOGICA INTEGRAL

El Instrumentum Laboris de la Asamblea Especial para la Región Panamazónica del Sínodo de los Obispos, que se realizará entre el 6 y el 27 de octubre en Roma, es un primer paso para la organización de la comunidad que forman los pueblos latinoamericanos hacia la Patria Grande, cuyo punto de partida es la “conversión del actual ecosistema en torno al clamor de los pobres” .

El Papa Francisco  nos habla de la necesidad urgente de una conversión ecológica integral. Los pueblos Latinoamericanos tienen la capacidad cultural para lograrlo mediante la organización de sus recursos, que son las riquezas naturales de nuestro continente, tanto como el cuidado de la memoria de sus luchas por derechos y conquistas sociales, hoy amenazados por un sistema basado en la insensibilidad con lo humano y la depredación de la naturaleza.

 

La conversión integral debe ser real, y no ideal. Eso supone considerar un territorio concreto, con sus pueblos y sus culturas. La gracia supone la cultura. Dios se comunica con nosotros en la cultura. La salvación supone la historia, y la historia un territorio con sus habitantes, sus estilos de vida, sus creencias, sus modos de organización política, y su medio ambiente natural. La salvación no es individual, sino cósmica, nos dice el evangelio (Mt 28,16’-20). Esto último es una verdad que vale tanto para el cristianismo como para cualquier intento de reformulación económica con pretensiones de éxito. Por eso el Papa convoca a en Asís a pensar un nuevo modo de organización desde los pueblos que resulte en una economía social.

 

Para el cristianismo la Palabra de Dios se encarna en las culturas, aunque de modo diverso. Pensar una conversión integral implica iniciar, entonces, un proceso de diálogo desde abajo, que permita el despliegue de la creatividad de los hombres y mujeres latinoamericanos como un pueblo que camine en unidad, pero que reconozca sus identidades particulares diversas, que comparta con los habitantes Originarios su respeto y convivencia armoniosa con la naturaleza. En eso consiste el proyecto de la Patria Grande.

UNIDAD EN LA DIFERENCIA: DIALOGO SOCIAL

Nosotros  tenemos hoy el desafío de mostrar al mundo que esa unidad en la diferencia puede hacerse realidad cuando lo económico se piensa como ecológico. Se puede estar conectados con los dones de la naturaleza, la producción y el trabajo sin perder nuestra identidad que se construye en la historia como pueblo y como comunidad que quiere ser Patria. La Patria  Grande; nuestra América Latina.

 

Argentina tiene una larga y eficaz experiencia en el diálogo social como modo de organización comunitaria y colectiva, sentando a la mesa del acuerdo a todas las partes que integran las relaciones entre capital y trabajo. La capacidad histórica de reacción ante la injusticia social, tanto como la capacidad de generar acuerdos con fuerza de ley para garantizar las condiciones sociales a una vida digna, son parte de nuestro patrimonio, y son  una contribución que podemos hacer al resto de los pueblos latinoamericanos para asumir nuestra responsabilidad en el camino hacia la transición ecológica.

Laudato Si nos anima a lograrlo cuando nos dice que “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS 49). Del mismo modo que los jóvenes del mundo hoy pregonan sus enseñanzas reclamando el cuidado de la  Casa Común y haciendo una fuerte denuncia a un modelo económico dominante que persigue solo el propio beneficio aún a costa de la destrucción la misma.

En ese contexto, el camino hacia una Patria Grande, como condición para una vida digna, implica reconocer el carácter relacional como constitutivo de la creación, que conecta a los seres humanos entre sí, con la naturaleza y con Dios.

ECONOMIA SOCIAL: LA RELACIONALIDAD CONSTITUTIVA DE LA CREACIÓN

El primer paso para una economía social es el reconocimiento de la relacionalidad como constitutiva de la creación. Por eso una economía social implica pensar al mismo tiempo el Futuro del Trabajo y de la Casa Común, porque ambas cosas están conectadas.

La utopía de la Patria Grande, que es América Latina, nuestra Casa Común, debería nutrirse de la conversión integral, es decir una conversión ecológica comunitaria que comience a operar en todos, y cada uno, de los pueblos de la región.

Para ello, tenemos dos ventajas únicas: la misma lengua y la misma  religión, que se integran con la  diversidad de culturas, creencias ancestrales, biodiversidad  y  paisajes. El modelo poliédrico del poder que propone el papa Francisco puede ser para la región un nuevo modo de pensar la organización social, política, económica y científica, donde todos los pueblos, y todos los sectores del pueblo, sean escuchados y considerados  como artífices de esa Patria Grande, sin perder la riqueza de sus diferencias. En eso consiste la nueva economía: en pensarse como ecología.

Los movimientos sociales son los nuevos sujetos que Francisco identifica como protagonistas de un cambio que comenzó a pensarse hace ya mucho tiempo, ya desde la época de la emancipación española como hasta la construcción de la UNASUR.

Así,  la idea de una Patria Grande se instala, de manera renovada, por la participación de las organizaciones populares y los colectivos de trabajadores y militancias diversas en los espacios públicos, en gran medida  gracias al reconocimiento que Francisco  ha hecho de ellas. Lo que no se pudo conseguir con acuerdos entre gobiernos, parece ir encaminándose mediante la organización de los pueblos desde la base, desde abajo, en torno a una economía popular, social y solidaria, que no solamente produce los recursos económicos para la mera supervivencia, sino que también piensa nuevos modos de organización del sector empresarial para promover el trabajo inclusivo y creativo -no solo productivo-, para ir generando poco a poco una cultura del encuentro y el intercambio fecundo de la comunidad latinoamericana, con su propia propuesta de práctica política democrática y participativa.

Gracias al reconocimiento que hace Francisco de los clamores populares latinoamericanos por Tierra, Techo y Trabajo, nuevos modos de asociación locales y regionales están tomando forma y credibilidad. El Papa reconoce las organizaciones de los trabajadores, empleados y desempleados, tanto de la economía formal como social, como a nuevos actores de la realidad continental y mundial. Luego de escucharlos en  los tres encuentros de movimientos sociales, más en el encuentro de sindicatos-, convoca a un Sínodo Amazónico para cambiar el rumbo de la cultura del descarte en América Latina, la cual se manifiesta como crisis ambiental y social, amenazando la vida toda del planeta.

SINODO AMAZONIA: DESAFÍO GLOBAL

El sueño de la Patria Grande dará varios pasos a partir del sínodo de octubre, ya que no solo se trata de los problemas específicos de la Amazonia, sino también de los problemas sociales y ambientales de toda la región porque, como dice Francisco, todo está conectado.

El Sínodo Panamazónico aparece así como  un modo de hacer visible la situación de vida de los pueblos latinoamericanos, primeras víctimas de una cultura global del descarte. Es un nuevo modo de abordar la crisis, ya que la deslocaliza del conflicto particular de cada país o entre países vecinos. Con el llamado al Sínodo del Amazonia, la crisis social y ambiental deja de ser considerada un problema local y gubernamental, es decir de cada país como consecuencia de sus gobiernos. Al hablar de la Amazonia como ecosistema del que depende la vida de todo el planeta, y a la vez plantear la crisis como una consecuencia del estilo de vida planetario, generado por un modo de producción deshumanizante, y sustentado por un paradigma tecnocrático, basado en el capital especulativo financiero, que beneficia a unos pocos y amenaza de muerte a millones.

Francisco, cuando presenta el libro de Methol Ferré, La América Latina del siglo XXI, confirma ser parte de esa corriente latinoamericana de liberación de corte argentino, es decir la Teología del Pueblo, al reconocer en la realidad concreta el punto de partida para la construcción de un pueblo, por sobre cualquier tipo de ideología. Francisco destaca la sapiencia popular, porque considera que las identidades solidarias se constituyen en los márgenes de la exclusión social -hoy poblados tanto por sectores bajos pobres, como por sectores medios empobrecidos. Esa marginalidad, producto de la Cultura del Descarte, de la indiferencia social en que se funda el neoliberalismo y quienes lo practican, produce un posicionamiento social que es más pasional que orgánico; una unidad como producto de insatisfacciones y anhelos, que no pretende una síntesis, sino una lógica capaz de conciliar las diferencias, de generar acuerdo.

UNA FRATERNIDAD HUMANISTA: HACIA UN PACTO SOCIAL Y POLITICO

En nuestro país asistimos hoy a una nueva crisis económica y social, con un severo aumento de la indigencia, la pobreza y la desocupación que afecta esencialmente a los más vulnerables, en especial a los pequeños. El Papa Francisco nos recuerda que la fraternidad es el principal fundamento de la solidaridad y que se necesitan también políticas eficaces que promuevan ese principio de la fraternidad, fraternidad humanista, asegurando a las personas –iguales en su dignidad y en sus derechos fundamentales– el acceso a los bienes de modo que todos tengan la oportunidad de desarrollarse plenamente como personas, no parece que hubiera otro modo posible de llegar a la conversión integral que nos propone.

También creemos que hay una forma más de promover la fraternidad –y vencer la pobreza- que debe estar en el fondo de todas las demás. Es el desprendimiento de quien elige vivir estilos  de vida, sobrios y esenciales, de quien comprometiendo las propias riquezas consigue así experimentar la comunión fraterna con los otros.

El método y el camino son claros: el diálogo y el encuentro para superar los antagonismos y construir una nueva amistad social, que rechace tanto el individualismo como la masificación, la corrupción como las colonizaciones ideológicas o económicas.

América Latina, como sujeto organizado en una comunidad pluricultural para liberarse de la pobreza, tiene su punto de partida en la memoria como experiencia de resistencia en la vida. En ese ethos-histórico está su unidad. Y de allí nuestro primer paso, convertido en acción, que es manifestar que ha llegado la hora de dar el paso desde la práctica del Encuentro hacia lo institucional, mediante un Pacto Social y Político que nos comprometa a todos para lograr una economía de rostro humano, comenzando desde nuestra Patria.

Repensar la economía, como nos proponemos en este encuentro, supone poner en marcha esa conversión ecológica integral que tenga en el horizonte el sueño de la Patria Grande, como unidad en la diferencia de los pueblos latinoamericanos, pero hoy a la luz del desafío de la Amazonia.

Por eso nos proponemos repensar no en pequeño sino también hacia nuestro mundo latinoamericano, donde tiene un buen  punto de partida la fraternidad en la fe, cuando tomamos conciencia de que tenemos, sobre todo con los pobres, los descartados y oprimidos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos. (Ef. 4,5-6).

Por eso, como dice la canción, te pedimos ¨Cristo de las redes, no nos abandones…y en los espineles, déjanos tus dones¨

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Methol Ferré, A. La dialéctica hombre-naturaleza, op. cit., cap. 1.

 

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