DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO MUNDIAL DE MOVIMIENTOS POPULARES

 

Aula Vieja del Sínodo 
Martes 28 de octubre de 2014

 

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Buenos días de nuevo, estoy contento de estar entre ustedes, además les digo una confidencia, es la primera vez que bajo acá, nunca había venido. Como les decía, tengo mucha alegría y les doy una calurosa bienvenida.

 

Gracias por haber aceptado esta invitación para debatir tantos graves problemas sociales que aquejan al mundo hoy, ustedes que sufren en carne propia la desigualdad y la exclusión. Gracias al Cardenal Turkson por su acogida. Gracias, Eminencia por su trabajo y sus palabras.

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Hijos sustraídos de madres desaparecidas

Este texto fue publicado el sábado 18 de octubre de 2014, por el diario Clarín en una versión editada. Aquí compartimos el texto completo.

Mons. Jorge Eduardo Lozano

Obispo de Gualeguychú y presidente de la

Comisión Episcopal de Pastoral Social

“Tienes que encender una luz aunque sea pequeña

Si ella se apaga este mundo será una tiniebla (…)

No permitas que la noche invada tu vida

Hay mucha belleza en vos para que esté escondida

No le niegues a los otros tus ojos, tu amor, tu voz, tu alegría

No te quites libertad ni borres tu sonrisa.”

 

Durante estos años que llevo como obispo varias veces he recibido el dolor de familiares (abuelos, tíos, hermanos…) que siguen buscando con angustia a miembros de su familia. Sabemos del horror de la violencia, del secuestro y la tortura que ensombreció a nuestro País en la década del 70. Algunas mujeres fueron detenidas en la calle y arrebatadas de sus hogares estando embarazadas. Unos cuantos testimonios dan cuenta de niños que nacieron durante ese cautiverio y luego fueron dados en adopción de modo fraudulento.

Sé que no es la única herida que aún sangra de aquellos años. Al contemplar esta no desconozco otras también extensas y profundas.

La identidad es un derecho de un sujeto personal y de otro colectivo. Cada uno tiene ese derecho respecto de sí mismo. Pero también la familia que busca lo tiene, sintiendo que cada foto en la casa expresa una ausencia, un vacío que no logra completarse. Y la sociedad. Se nos mantiene escondida una verdad que nos merecemos como comunidad nacional. No fueron niños abandonados al nacer o sin parientes. Fueron sustraídos ─podemos decir arrancados─ a su mamá y al resto de la familia. Dos vidas robadas, dos aberraciones. Los bebés nacieron unos en la cárcel, otros en lugares clandestinos de detención, y algunos también en centros de salud que guardan silencio y complicidad. A las pocas horas, o días, fueron quitados a sus mamás y entregados a alguna familia, en ocasiones con engaño acerca del origen; otras, a sabiendas. La mamá luego era ejecutada. Ya lo sabemos. Ese desprecio por la vida joven no se animó a llegar también a la muerte de la vida pequeña y se aprovecharon de la impunidad que da el poder para cumplir con el deseo de adopción que tenían ciertas personas amigas ideológicamente hablando.

No podemos y no queremos ser indiferentes ante una realidad que nos duele a todos. Hay cerca de 400 familias que buscan a sus nietos apropiados durante la época del terrorismo de estado. A veces pienso en María y José que vivieron angustiados los días que no encontraban a Jesús perdido en el Templo (Lc 2, 41- 51), y en esta situación que lleva casi 40 años. Ha habido una red de silencio y complicidad que ha mantenido amordazada la verdad acerca de los bebés, ahora jóvenes adultos.

Quien tiene datos e información que pueda ayudar a restituir su identidad, posee también una obligación moral. La moral no es solamente no mentir; esconder la verdad o callarla también es inmoral. No alcanza con no hacer daño a alguien. No realizar el bien posible también es lastimar. Si sos creyente en Dios, los mandamientos de no robar, no mentir, no matar, también se aplican en estas circunstancias.

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