Granja Siquem está cerca de la Ciudad de Río Cuarto, en la Provincia de Córdoba. Lleva más de 30 años y miles de chicos que gracias a que pasaron por ahí, no terminaron en la cárcel. En tiempos en que nos preguntamos qué hace la Iglesia y si es posible recuperar a los menores en riesgo, Siquem nos da una respuesta llena de esperanza
Corría el año 1986 en la Universidad Nacional de Río Cuarto, Patricia Barrera estudiaba Enfermería y Manuel Schneider Veterinaria. Se conocieron ya casi terminando sus carreras, se enamoraron. Junto con unir sus sentires mutuos, sin darse cuenta unieron sus deseos de hacer un mundo mejor, en el aquí y ahora que transitaban.

Hoy como matrimonio maduro quizás no dimensionan que sostienen la Granja Siquem desde hace 30 años, que tienen 4 hijos de su sangre pero muchos más del corazón que son chicos de la calle, vulnerados, maltratados, en peligro, algunos con problemas de consumo que han encontrado un lugar familiar, una escuela, un trabajo y la fe. Son laicos que viven a través de Siquem su vocación bautismal.
Ambos con diferentes estilos son el motor de la Granja y han tenido muchas distinciones y consultas en distintos espacios. Dedicaron sus vidas completas a acompañar niños y jóvenes que viven en la casa de ellos con dormitorios al lado de los de sus hijos y el mismo comedor; sus hijos tuvieron tantos hermanos como chicos había en la granja. Para poder hacer esto aprendieron a amar lo diferente y ese amar a cada uno de ellos es lo que les permitió el estar.
El sueño de la granja como espacio integrado de familia, escuela y formación empezó como algo desconocido que se aventuraron como pareja, como grupo de amigos para ver qué se podía hacer con los chicos de la calle, los sin familia, los sin amor. Aquí tuvieron y tienen un valor particular los voluntarios con una meción especial al Contador David Salomone, quien ahora aporta sus dones desde el cielo.
Descubrieron que detrás de cada rostro (cubierto con una dureza característica en sus caras, esa mirada escondida detrás de la visera de una gorra o tatuajes con tinta china) esconden una ternura inigualable, ahí, cuenta Patricia, “tomé consciencia que no había diferencias con los hijos que había parido, solamente la diferencia crucial es el lugar donde naciste, tenemos los mismos sueños, sentimos el mismo frio, el mismo hambre, la misma risa, etc. Comprender y sentir esto, supe que ese sueño ya era una realidad porque había decidido abrazar a todos niños y jóvenes que llegaban a casa”.
Granja Siquem surgió en los años 90 a partir de una iniciativa de un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Rio Cuarto animados por el padre Jorge Felizzia, asesor de la Pastoral Universitaria quien entregó su ministerio a la Granja y el COVID se lo llevó. Estos jóvenes visitaban los barrios de la ciudad viendo día a día una realidad en donde la desigualdad, la vulnerabilidad de derechos y la falta de oportunidades dejaban cada vez más excluidos a los sectores populares. Convencidos de que una sociedad más justa e inclusiva era posible comenzaron a darle forma a un sueño que más tarde se convertiría en hogar y escuela de cientos de niños y adolescentes que encontraron en Siquem la herramientas para construir un proyecto de vida, a través de ejes como el bien común, la solidaridad, la justicia social, la inclusión, el trabajo en comunidad, la educación, la igualdad y sobre todo la contención desde el amor.
Años más tarde el proyecto se logró materializar al conseguir un crédito que hizo posible la compra del actual terreno y la maquinaria para la producción propia, quedando registrado este comienzo en septiembre de 1993 y contando con la personería jurídica a partir de 1999. Trabajan con varones menores de edad en forma preventiva y correccional, donde hay entre 30 y 40 en hogar de día y 10 en hogar permanente, viviendo con ellos. Cuentan con su propia escuela, primaria y secundaria y para los que egresan del secundario o cumplen 18 años tienen la posibilidad de ser miembros de la cooperativa de trabajo La Soberana creada para ellos en donde fabrican y comercializan quesos. Los niños o jóvenes son derivados por sub secretaria de menores de Rio Cuarto, SENAF o casos judicializados. También acompañan a la familia de cada niño, de esa forma conocen el entorno familiar, y se arma una gran familia donde comparten la vida.
Todos alguna vez hemos soñado con este modo de ayudar a los más vulnerables, proyectando quizás desmedidamente sin pensar en los límites, el cansancio. Eso mismo les pasó a Patricia, Manuel y los voluntarios. Muchas, muchas veces dijeron me voy, en la mayoría de las veces fue por cansancio, pero hubo algo mucho más fuerte que los retuvo, Patricia nos dice “trabajé y trabajé, tal vez fue mi forma de lucha y lo que me mantuvo firme fue porque sabía que lo que hacía estaba bien, el regalo que recibía al otro día era seguramente alguna sonrisa o un Hola Pato vamos a hacer tal cosa, que era sentir que aquel cansancio o enojo ya no estaba más. Esa devolución que tiene que ver con lo amoroso, es lo que te permite seguir cada día”.
Los que más duele de los chicos es la soledad, los jóvenes cuando ingresaban años atrás (indistintamente por las situaciones que llegaban), traían con ellos soledades que eras abrazables, y el joven salía adelante.
En la actualidad esas soledades son tan profundas que son difíciles de acompañar, difíciles de sanar, porque es una soledad que proviene desde lo más profundo de sus ser, es una soledad desde el alma.
También hay alegrías al encontrar elementos o motivos, donde el joven pueda amarrarse, tiene que ver con el encontrarse con él mismo, con sus derechos, obligaciones, con aprender a quererse y sentirse querido, ser parte de algo o de alguien. Esto le va a permitir volver o aprender a soñar, y esos sueños lo van a llevar a armar un proyecto de vida.
Desde su experiencia de años de estar ahí con los chicos Patricia afirma que “la sociedad, la iglesia están preparados para asumir desafíos como éste pero no se quiere. Estamos muy ocupados y atravesados por sistemas egoístas, individualistas, capitalistas, donde elegimos poner los valores en otros lados. El poder económico no se permite tener una mirada como pueblo, por lo tanto no es fácil comprender la necesidad del otro”
La institución ha ido amoldándose a las necesidades que van surgiendo con los años, de esta forma se incorporó la escuela primaria, luego el secundario y la última gran incorporación fue la creación de la cooperativa de trabajo “La Soberana” en el 2014; que surge para dar lugar a los jóvenes que concluyen los estudios secundarios y deciden permanecer trabajando en la granja para transmitir la propia experiencia. Abrazándose al concepto de soberanía alimentaria, valor agregado en origen, precio justo y avanzando hacia una producción agroecológica se continúa con la construcción colectiva Desde lo económico hubo un gran crecimiento en los últimos años en lo productivo; cooperativa de trabajo, escuela primaria y secundaria, hogar de día, hogar permanente, acompañamiento familiares, etc. Todos estos puentes que van naciendo y van tendiendo, surgen a medida de una necesidad, pero lo más importante para que sigan, es una palabra que usan mucho, SOÑAR.
La democracia participativa es un valor que se vive en Granja Siquem y es un ejemplo para todos. Cada miembro cuenta, cada voz es oída y respetada; estos se logra a partir de asambleas que realizamos a lo largo del día, la primera es a la mañana luego de izar la bandera, uno de los chicos toma asistencia a sus compañeros y profesores, si alguno falta alguien tiene que saber el motivo y exponerlo, también se informan las actividades del día, la efemérides y un breve comentario sobre ellos.
La segunda asamblea se realiza luego del almuerzo y tiene las mismas características, el niño encargado de presidirla va rotando y todos van cumpliendo ese rol; solo cuando la socialización de estos temas concluyen pueden levantarse de la mesa.
La tercera y última asamblea se realiza a la noche, luego de la cena y solo participan niños y jóvenes que viven en Siquem ya que el resto se retira de la granja a las 18 horas. Y de esta última reunión se socializan temas del día, organizaciones de salidas y acontecimientos más relacionados con la convivencia.
Con esta metodología se va formando un ejercicio de la palabra en donde todos los niños y jóvenes van asignándole un valor a lo que se dice y a los que se escucha, sabiendo que pueden solucionar su conflicto o inquietudes a través del uso de la misma, apropiándose del derecho a expresar su inquietudes pero así también escuchar y respetar la del resto.
A veces agradecemos que existan espacios como los de Siquem, pero lo bueno sería que no fueran necesarios porque todas las carencias de los niños y jóvenes ya están cubiertas.
Manuel y Patricia nos dicen que con las siguientes actitudes todas las Siquem estarían de más: Empatía, generosidad, equidad y justicia. Hay un condimento que le ponen al diario vivir: la fe en Dios. Rezan, enseñan a rezar, meditan la Palabra y muestran el rostro misericordioso de Jesús.
¡Gracias Granja Siquem por misericordear a los menores vulnerados!
¡Gracias al Padre Jorge, a David y a tantos voluntarios!
Para conocer más: ITG: granjasiquem.ok
Para Colaborar: granja.siquem Granja Siquem Asociación Civil




















