Monseñor Luis Marín de San Martin se desempeña como Subsecretario de la Secretaría General del Sínodo de la Sinodalidad. Estuvo en la Diócesis de Jujuy compartiendo su sapiencia y experiencia del Sínodo.
Como área de Comunicación de CEPAS le hablamos de la Pastoral Social, se interesó por nuestra misión y nos concedió este reportaje sumamente iluminador dejándonos esta bendición para los comunicadores de Pastoral Social: Muchísimas gracias a ustedes por la posibilidad, por la acogida y por el trabajo que están haciendo, importantísimo y esencial en la Iglesia. Muchísimas gracias y que Dios los bendiga.
Desde su experiencia del sínodo. ¿Qué le dice el Sínodo a la Pastoral Social?

El Sínodo le está diciendo a la Pastoral Social la importancia que tiene el ser testigos de la misericordia del Señor. Dios es misericordia en medio del mundo. Los destinatarios principales de todo lo que es la acción de la Iglesia son siempre los pobres, los que se sitúan a los márgenes, que son también evangelizadores, son lugar teológico y son también realidad de Cristo en medio del mundo. El documento final del Sínodo tiene pasajes muy hermosos y una llamada de atención sobre lo que es la Doctrina Social de la Iglesia, Pastoral Social de la Iglesia y la acción misionera de la Iglesia.
A la hora de implementar el Sínodo ¿Qué peligros puede haber o desventajas pueden surgir en el camino de implementación del Sínodo?
Ventajas todas. Es decir, las ventajas es la Iglesia viva, la Iglesia de Jesús. Las ventajas es abrirnos a la coherencia en la Iglesia y al dinamismo evangelizador. La Iglesia viva, una Iglesia alegre, una Iglesia esperanzada en la Iglesia de Jesús. Dificultades. La primera es el miedo, el tener miedo a comprometernos, el tener miedo a la novedad del Espíritu, el tener miedo a la presencia de Cristo en nuestra vida. Otra dificultad puede ser el aislamiento, el localismo, el vivir una fe individualista, egoísta. La fe siempre es comunitaria, la fe siempre es relacional y esto nos impulsa también en sí. Y también otro peligro es no tener en cuenta los contextos y no llevar la Buena Noticia que es Cristo, a la realidad que estamos viviendo. Es decir, quedarnos en una teoría, en la teoría, en los principios y no bajar a la práctica cotidiana. Por eso la fase de implementación del Sínodo tiene una enorme importancia de concreción, de concretar, de llevar a la vida cotidiana las intuiciones, las propuestas y las iniciativas del sínodo.
¿Qué le diría a la Iglesia en Argentina a partir de lo trabajado en el Sínodo?

Yo antes de nada, no soy quién para dar recomendaciones. Lo primero sí quisiera comenzar por un agradecimiento, por agradecer de corazón el trabajo que se está haciendo aquí en Argentina. La Iglesia que peregrina Argentina es sin duda alguna una Iglesia viva, una Iglesia esperanzada, con problemáticas, con dificultades, como en todos los lugares, pero que mira hacia adelante. ¿Yo qué le diría? Le diría adelante, mucho ánimo. Debemos ser conscientes de la importancia que tiene la coherencia en la fe, el estar unidos a Cristo. No se puede dar ningún paso si no es desde la experiencia de Cristo resucitado. Anunciamos y testimoniamos a Cristo resucitado. Y también les diría juntos como comunidad, como Iglesia. El Papa León XIV está insistiendo mucho en la comunión. Desde la comunión podemos vivir la pluralidad y la diversidad y ser también semilla de esperanza en este tiempo concreto, en esta realidad social, política, cultural que nos toca vivir. Siempre con una mirada esperanzada.
Y puntualmente aquellos que trabajan en la pastoral social, ¿Qué mensaje le deja para que ellos tengan en cuenta en este tiempo de implementación del Sínodo?
El primer punto sería la experiencia de Cristo. No son ejecutivos, no son miembros de una ONG, sino es la Iglesia, es la Iglesia de Jesús. Solamente en Cristo encontramos la razón de nuestra pastoral, la razón de nuestro ser. Por eso la unión con Cristo, la experiencia de Cristo resucitado que ha venido a salvar al mundo y ha venido principalmente a los pobres, a los necesitados, aquellos que tienen necesidad de médico es la Primera cosa.
También yo les diría en segundo lugar que toda la pastoral social, como toda pastoral, debe siempre ejercerse y realizarse en comunión, en comunidad, como grupo, como Iglesia, no de forma individual, no son un asistencialismo individualista, sino es la Iglesia, la comunidad cristiana que testimonia. En tercer lugar, en toda la pastoral social hay que ir siempre a las causas, intentar sanear las raíces de las injusticias, las raíces de las deficiencias. Y en cuarto lugar, y es importantísimo esto, personalizando, no se trata de números, no se trata de grupos innominados, sino que se trata de personas con rostro, con historia, con apellidos. Esto yo creo que lo fundamental, junto con esto, en esta pastoral, dejémonos también evangelizar, tengamos humildad de corazón para recibir las enseñanzas que el Señor, a través de las personas sobre las que ejercemos y ayudamos en esta pastoral, nos quieren decir y nos quieren testimoniar.

Para la pastoral social, pero no sólo para ella, sino para toda la vida cristiana. Tenemos necesidad de poner en el centro el amor, el amor verdadero, porque Dios es amor y el único mandamiento que el Señor nos pide es que amemos, que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado. Sin amor no vale nada. Entonces debemos comenzar siempre por purificar el amor y por mostrar el amor en las realidades.
Un mensaje para los que trabajan en la comunicación dentro de la Iglesia o la comunicación de la Iglesia.
La tarea de evangelizar debe contar con las comunicaciones con aquellos que se dedican a la hermosa tarea de las comunicaciones, de la comunicación en la Iglesia. Es uno de los temas más importantes en esta fase de implementación del Sínodo. Debemos cuidar los ámbitos a los que se dirige el mensaje, el lenguaje. Y yo animo a todos los evangelizadores, a todos los que están en los medios de comunicación, a trabajar en red, a trabajar unidos y a dar testimonio del Evangelio en el mundo de hoy, con las técnicas de hoy, con los lenguajes de hoy, en las realidades de hoy.
¡Muchas gracias Monseñor!










