Homilía de Monseñor Dante Braida en el cierre del Encuentro Social de delegados diocesanos de la Pastoral Social – Buenos Aires, 22 de marzo de 2026
Ezequiel 37, 12-14, Romanos 8, 8-11, Evangelio de Juan 1, 11-43
La presencia de Jesús y aquellos que fueron a llevar la noticia a Él para que pudiera venir primero a ver a su amigo enfermo, y finalmente venir a encontrarse con un cadáver, con un difunto, y no solo con un difunto sino con toda la comunidad que sentía y lloraba la partida de Lázaro, un llanto al cual también Jesús se une como amigo y también a Él le dolió esa partida. Y a la vez también tenemos esta figura de Marta que vamos viendo cómo va evolucionando en su camino de fe a partir del diálogo con Jesús. “Si hubieses estado aquí” en el llanto de aquel que le duele la partida de un ser querido, de pronto va expresando esta fe, en esta resurrección final que ella creía como otros judíos y finalmente en creer que Jesús es la resurrección y es la vida actual, ahora, aquí, obrando.
Y al final una comunidad que termina por creer, cuando acá está la sentencia de muerte de Jesús y deciden acabar con Él, cuando ven esta gran obra que elocuente, que cura al ciego de nacimiento y todos los otros signos que ya había hecho. Por lo tanto creemos en un Dios vivo y que quiere la vida de las personas y al mismo tiempo nos invita a crecer y a evolucionar en nuestro camino de fe. Y cuando uno cree, está diciendo a Dios, te necesito, quiero que me ayudes en todo lo que no puedo y en realidad lo que somos nosotros, como decía Santa Teresa, todo es gracia, en realidad ¿qué no hemos recibido de lo que somos? Colaboramos en el desarrollo, pero en gran parte lo que somos es lo que hemos recibido de Dios a través de tantas mediaciones que han ido pasando a lo largo de la vida.
Por eso creer, no simplemente confiar, sino permitir que Dios realice su obra de vida en cada uno de nosotros. Entonces es una fe que nos lleva a vivir también una continua transformación a lo largo de la vida. Como hubo testimonios que hemos escuchado de tantas personas que están evolucionando en su camino de fe, que implicó después nuevos compromisos, pero que implicó también muerte, dejar atrás quizás una vida que venían trayendo para abrirse a algo nuevo.
La paz nos pone en esta dinámica de muerte y de vida. Constantemente también nosotros tenemos que dejar que muera primero la realidad del pecado. Cuando uno se da cuenta que esta cuestión que hoy nos comentaban también nuestros hermanos, cuando la mentira nos gana, cuando el orgullo nos gana y de pronto vamos viendo que el camino del creyente es aquel que va también tomando conciencia con la ley de Dios y del Evangelio la realidad de aquello que tiene que cambiar.
Por eso también la Cuaresma nos invita a dar lugar al sacramento de la reconciliación, de la confesión, donde aquello que es muerte, que es el pecado, pueda ser también erradicado de nuestro corazón. Por eso una vida espiritual, de interioridad, requiere también esta confianza de la misericordia de Dios que se manifiesta en el pedido de perdón que podemos hacer espontáneamente cada día, pero también es este sacramento tan importante que Dios nos ha dado a los sacerdotes, la gracia y la obligación de poder administrarlo para justamente el crecimiento de nuestro pueblo y para que la paz pues se vaya dando a nosotros, que podamos morir al pecado en cada etapa de nuestra vida y dejar más lugar a que la gracia se manifieste en nosotros.
En la primera lectura nos hablaba del espíritu que justamente viene a transformar el corazón de piedra en un corazón de carne, es un corazón dócil a Dios, a su voluntad.
También en la segunda lectura nos hablaba de esta dimensión del espíritu que nos habita y que es capaz de hacer nuevas todas las cosas. Por lo tanto también la fe nos da esta certeza, somos habitados por Dios, el Espíritu está constantemente buscando sacar lo mejor de cada uno y al mismo tiempo que podamos vivir aquella vocación para la cual fuimos creados. Hay tantas posibilidades que la vida se desarrolle, pero nosotros tenemos un lugar y esa vocación tiene que ir creciendo y evolucionando a lo largo de toda la vida.
Para poder descubrir esa vocación y para que el espíritu obre en nosotros, animando nuestra vida a dejar atrás etapas y empezar etapas nuevas, necesitamos la vida interior. Por eso cuando pensamos en la pastoral social de este tiempo, la pensamos por un lado como un eje fuerte en la participación. Queremos que todos podamos descubrir la dimensión social de nuestra vida, de nuestra fe y al mismo tiempo que tenemos la necesidad que muchos participen de la pastoral social y descubrir también el valor de todos los cristianos que están participando en muchos ámbitos sociales y que a veces se encuentran un poco huérfanos como nos contaban hoy porque se trataría como acompañamiento.
El lugar propio del cristiano es la vida social, la transformación de las realidades por la participación. A partir de allí, un poco el trabajo es esto, ir percibiendo las necesidades que hay en la sociedad o que ustedes van trayendo para darle cauce y también respuesta. Y al mismo tiempo ir dándole lugar a las posibilidades que aparecen.
Esto de acompañar la dirigencia creo que es un deseo, porque escuchamos recién en el diálogo final que muchos tenemos una necesidad y de pronto aparecieron un par de personas con este deseo de querer hacer un retiro para políticos y darle cauce. Y bueno, ¿y qué fue? Tratar de darle la oportunidad, unir fuerzas, gente y de pronto apareció y se pudo plasmar. Bueno, ahora se ha creado un equipo armado para poder darle forma a esta respuesta y que se la pueda replicar con distintas personas en distintos lugares.
Muchos de los que dieron su charla en el retiro, fueron laicos como ustedes con algún carisma especial, y lo pusieron ahí en común. Cuando surgió el Área de comunicación, pensamos primero que hacer algo que nos ayude a comunicar las cosas que podemos elaborar y de pronto fue tomando también un aire con un equipo, también se fue percibiendo esta necesidad que hay de poder comunicar lo que se hace, pero al mismo tiempo de aprender más esto de la comunicación que es tan importante para la vida, la construcción de una sociedad. Entonces, como esto de dar cauce, crecimiento, pero siempre trabajando en la unidad, en la comunión con las cosas, con los demás.
Y por otro lado también los invito a este tema de la participación, sea como un eje de trabajo. A veces en la iglesia nos hemos quedado como grupitos pequeños, o siempre los mismos, porque a veces nos cuesta animarnos a algo nuevo, o animarnos a integrar personas nuevas, implica morir también, morir a nosotros mismos, para que otros puedan ingresar y participar. Entonces, ese morir a nosotros mismos implica, al punto que quería llegar, es justamente un camino espiritual en nosotros.
Porque si siempre somos como fuimos, algo no está bien en nosotros. Y a veces tenemos como esta tendencia a quedarnos encerrados en lo que ya hemos construido. Y miren para que algo nuevo nazca en cada uno, algo tiene que caerse.
Y a veces la vida espiritual, la vida orante, el trato con el Evangelio, nos va desarmando estructuras y a veces nos da miedo. A veces preferimos, ante el miedo, mantener armado lo que construimos, y de pronto el Espíritu quiere algo más grande y mejor en cada uno. Entonces, necesitamos esta vida espiritual, donde podemos darle lugar a que las cosas caigan, para que surja algo nuevo.
En la época de San Francisco de Asís, estaba todo el tema del comercio, el consumo, la lucha entre los castillos y los clanes. Y Francisco surge inspirado por el Evangelio, con una propuesta de vida plena. Pero tuvo que dejar morir aquello en lo cual él se había movido
Y también, de donde empezó el comercio, sería el éxito de la vida, o el poder de la fama, que sea el lugar para darse a conocer. Y, sin embargo, cuando él permite que muera, pero porque se encontró con Cristo, con el Evangelio, surge algo nuevo y distinto. En la sociedad de consumo necesitamos personas que conecten con lo más profundo de sí, a partir del Evangelio, para poder disfrutar de la belleza de la vida, sin necesidad de consumir tanto que se nos quiere vender.
La sociedad de consumo, como está planteada, no nos va a llevar a una vida plena, aunque nos quiera vender esa ilusión. Por eso todo lo que decía hoy es que tenemos que conectar con nuestro deseo más profundo, y saber que el Evangelio tiene una realización que nos lleva a una plenitud, a veces por el camino de la simpleza. Cuánta gente pobre vive feliz, porque justamente está conectada consigo mismo y descubre que en lo simple se puede vivir plenamente.
Como que Francisco no necesitaba comprar una montaña para sentirse pleno, pero sí necesitaba contemplarla. Creo que por contemplarla se despertaba en él un sentido de vida plena. Por eso significa que en este camino interior de espiritualidad lo sigamos recorriendo, profundizando, porque cuanto más somos capaces de dejar que muera aquello que quizás el ego fue construyendo, o las circunstancias que vivimos y nazca lo que Dios quiera, ahí aparece una vida plena y eso contagia, eso también irradia y genera procesos en tantas personas que están buscando el sentido de su vida y al mismo tiempo nosotros tenemos el tesoro del Evangelio para compartirlo, no tenemos que cambiarlo a nosotros, sino ser fuertes para que la gente se encuentre con Dios.
Creo que voy a terminar hablando de la muerte de Lázaro. Hay muchas personas hoy que optan por el suicidio, que salió creo en casi todos los grupos como un reclamo. Bueno, ¿qué lectura hacemos de esto? Que hay personas que opten por la muerte porque no encuentran el sentido de su vida o la ayuda para poder encontrarse con aquello que le da sentido.
Tenemos un campo de trabajo hermoso, lindo, y ver tantas personas que han hecho un camino en la Iglesia o acompañado por personas que nos ayudan a madurar su fe, como que han resurgido a veces de zonas de muerte, nos da la pauta de que realmente se puede. Esta Pascua que vamos a vivir prontito nos ayuda a renovar la fe y a seguir creciendo en ella, que nos dé la fortaleza para morir aquello que tiene que caer en nosotros para que nazca algo nuevo y que también nos ayuda a reconocer que todos los bautizados somos misioneros, evangelizadores. Tenemos que llevar esta Buena Noticia a los demás y a todos los ámbitos de la vida social.
Que así sea.















