Globalización del descarte, las “Tres C” del Padre Pepe y una política sanitaria nacional
Lic Matías Dalla Fontana, Psicólogo
Desde la crisis del 2001 empezamos a llevar el rugby y otros deportes a contextos muy pobres de la Ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz y a algunas cárceles. En ese camino el tiempo nos hizo ver que a aquella zozobra pasajera de orden político le subyace un alejamiento persistente de la Argentina de su cultura auténtica, de su origen, propio de la globalización del descarte. En este Régimen de creciente distanciamiento con su origen, el hombre es llevado a una zona límite que troca en angustiante crisis, en colapso ambiental, en injusticia social. En este terreno se imprimen a la dinámica diaria dos elementos comportamentales, sedentarismo y soledad, que agreden la unidad básica de la vida misma. En la agresión a su cultura nacional se inocula así una agresión a su antropología y esa inautenticidad registra, en su contracara sanitaria, una pandemia de trastornos de salud mental. A estos dos elementos erigidos en fuerzas motrices de esta crisis, se añade el componente de una aceleración con pérdida de conciencia de finalidad, que Francisco llamó rapidación.
Fuimos aprendiendo en nuestro modo criollo de hacer comunidad con experiencias deportivas para la salud mental, algo que simultáneamente países desarrollados (Japón, Inglaterra, nórdicos) vienen verificando para sus sistemas sanitarios y que organismos internacionales ya reconocen como remedio: el jugar que quiebra la soledad, previene y cura. Algunos de estos países han creado por ejemplo un Ministerio de la Soledad, con el fin de quebrar el narcisismo materialista que, aislando el cuerpo, enferma la mente, hasta matar el alma.
Una vivencia fundamental fue para nosotros conocer el mensaje del Padre Pepe Di Paola que se resume en la doctrina de las “3C”: club, colegio y capilla. Sintetiza la acción eficaz de volver a unir cuerpo, mente y espíritu desde un orden concreto donde la propia comunidad es artífice de su destino y no víctima de la ambición del lucro ni de la estatolatría.
En Villa Allende, Córdoba, en el primer retiro nacional ‘Católicos en Política’, el Padre Ángel Rossi enfatizó la trascendencia de la fiesta como realidad humana donde se manifiesta la amistad social. Cabría agregar el juego a la dimensión de la fiesta, ya que ambas, cuando son vividas como realidades auténticas en la cultura nacional, configuran un ambiente basal donde los argentinos nos abrazamos, nos perdonamos y sentimos, experimentamos, que somos eternos. No es casual que la cizaña lingüística del régimen global opere para apropiarse de estas realidades, mal llamando juego a las apuestas y fiesta a la cultura del espectáculo ridículo.
Hay esperanza. Y si la Argentina puede escalar masivamente una propuesta como el testimonio del Padre Pepe, mejorando lo que haya que mejorar, correctamente interpretado para reconstruir los puentes rotos entre personas, familias, organizaciones libres del pueblo y estado, realmente puede evolucionar a la sanación de muchos de nuestros males, volviendo a unir lo que el Régimen global ha venido agrediendo: la Unidad.











