EL EVANGELIO TIENE DOMICILIO EN LAS PERIFERIAS
En los barrios populares hay heridas evidentes, el trabajo que no alcanza, la mesa que se achica, los jóvenes seducidos por el narcotráfico, los adultos mayores que sobreviven en soledad y las familias que viven con la incertidumbre como compañera cotidiana. Pero también hay una riqueza que rara vez aparece en las estadísticas… vecinos que se cuidan, mujeres que sostienen comedores, capillas abiertas y centros comunitarios y que eligen la esperanza aún cuando todo lo que acontece parece empujar al desaliento.
La Doctrina Social de la Iglesia enseña que el bien común comienza por los últimos. Una sociedad fracasa cuando se acostumbra a mirar la pobreza desde un escritorio y no desde la vereda donde viven las personas.
Jesús no esperó que los heridos llegaran al templo; Él salió a los caminos. Esa sigue siendo la misión de la Iglesia, caminar las periferias, dejarse evangelizar por los pobres y recordar que ninguna decisión pública será verdaderamente justa mientras haya hermanos descartados. Donde la sociedad ve un barrio olvidado, Dios, nuestro señor, sigue viendo un pueblo lleno de dignidad.











