Del 4 al 6 de septiembre, Córdoba fue sede de la 50ª Semana Social, que reunió a participantes de todo el país bajo el lema “Puentes hacia el bien común”. Durante tres jornadas, la Iglesia propuso espacios de escucha, reflexión, diálogo y trabajo para mirar la realidad argentina y renovar el compromiso con una sociedad más fraterna.
La convocatoria reunió a miembros de la Pastoral Social, referentes comunitarios, jóvenes, dirigentes políticos y sociales, personas con responsabilidades de decisión, consagrados, sacerdotes y laicos.
Viernes: liderazgo, memoria y testimonio
La jornada comenzó en la Universidad Católica de Córdoba con “Liderazgo desde Francisco”, una propuesta centrada en la amistad social y en la necesidad de liderazgos capaces de generar procesos, superar la confrontación y reconocer al otro como interlocutor.
Por la tarde, la apertura oficial tuvo lugar en la Catedral de Córdoba con la Santa Misa presidida por el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi. Luego, en la Sala de la Memoria, se realizó un homenaje a los mártires riojanos: Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera.
Sábado: los desafíos del país
El sábado, en el Colegio Gabriel Taborín, el cardenal Ángel Rossi, monseñor Dante Braida y el gobernador Martín Llaryora dieron la bienvenida a los participantes.
Los paneles abordaron tres grandes dimensiones de la realidad actual. “Bien común y compromiso social: una llamada de Magnífica Humanitas” puso en diálogo la enseñanza social de la Iglesia con los desafíos concretos del país y la necesidad de recuperar una mirada integral sobre la sociedad.
El panel sobre economía, producción, trabajo e inteligencia artificial planteó la necesidad de una transición justa, con formación, gobernanza y límites éticos que garanticen que la tecnología permanezca al servicio de la persona.
Por su parte, “Poder digital y cuidado de la persona humana” puso el foco en el impacto de la virtualidad, el aislamiento y las apuestas online, llamando a fortalecer los vínculos familiares, comunitarios y presenciales.
Los talleres permitieron profundizar estas cuestiones desde distintas realidades —educación, adicciones, trata, ecología integral, familia, vivienda y justicia, entre otras—. También se presentó POLIEDRO, plataforma de formación para nuevos dirigentes de entre 18 y 35 años. La jornada concluyó con el Festival del Encuentro.
Una Iglesia llamada a ser fermento de unidad
La celebración eucarística del sábado fue presidida por monseñor Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
En su homilía, vinculó la corrección fraterna con la necesidad de reconstruir los vínculos en una sociedad marcada por la polarización, el agravio y la descalificación. Invitó a recuperar la “paciencia artesanal” que permite acompañar al otro en sus procesos.
Frente a una Argentina “tan polarizada, tan fragmentada”, dejó una pregunta: “¿Cómo podemos ser fermento de unidad para decir algo nuevo con la frescura del amor de Dios para los hombres?”
También animó a los jóvenes a ser “animadores de la profecía social”.
Domingo: Casa Común y fraternidad
La última jornada comenzó con el panel “Cuidado de la Casa Común”, a cargo del Área de Ecología Integral (CEPAS), con experiencias territoriales vinculadas al desperdicio de alimentos, la defensa del agua y los bienes comunes.
Desde la Ecología Integral se reafirmó que “no hay dos crisis sino una sola crisis socio-ambiental”, destacando la relación entre el cuidado de la tierra, los pobres, el territorio y las comunidades.
Luego, monseñor Dante Braida ofreció el mensaje “Salvaguardar la humanidad y tejer la fraternidad. El principio del bien común en el cambio de época”.
Braida señaló que la doctrina social de la Iglesia nace del diálogo entre la Palabra de Dios y la realidad concreta, y que el vínculo con Dios debe traducirse en una manera concreta de vivir y relacionarse.
“Creo en Dios, y si creo verdaderamente, eso tiene que verse en mi modo de mirar al otro, en mi modo de hablar, en mi modo de escuchar”, afirmó durante la posterior Misa de la Creación.
El obispo llamó a recuperar la fraternidad, el servicio, la corrección fraterna y los vínculos presenciales, además de ejercer una libertad capaz de discernir frente al consumo y las nuevas tecnologías. En relación con el desperdicio de alimentos, dejó una imagen que sintetizó el espíritu del encuentro: “A veces lo que falta en un lugar sobra en otro”.
La jornada concluyó con la Misa de la Creación, celebrada a las 12.30, y la lectura del mensaje final.
Como síntesis de las tres jornadas, la Comisión Episcopal de Pastoral Social presentó el Documento Conclusivo de la Semana Social 2026, que define al bien común como “la forma social de la dignidad humana” y propone asumir la justicia social como camino para hacerlo realidad.
El texto recupera los principales desafíos abordados durante el encuentro: acceso al alimento, vivienda y trabajo digno; educación, salud y cultura; transformación tecnológica; cuidado de la interioridad; fortalecimiento de las comunidades; protección de la Casa Común y defensa de la dignidad humana.
También expresa la expectativa ante la próxima visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para noviembre, entendida como una oportunidad para el reencuentro, la escucha y el reconocimiento de una responsabilidad compartida.
La memoria histórica ocupa asimismo un lugar central. A 50 años del golpe de Estado y desde el homenaje a los mártires riojanos, el documento reafirma que la paz verdadera es fruto de la justicia y se construye sobre la verdad histórica.
La conclusión retoma la figura de Nehemías como imagen de una comunidad que no permanece en el lamento frente a sus heridas, sino que se organiza para reconstruir. “Cada uno debe asumir su tramo de muralla y construir juntos la civilización del amor”, expresa el documento.
Tender puentes hacia el bien común
La 50ª Semana Social buscó así pasar de la reflexión al compromiso. Memoria, unidad, trabajo, tecnología, fraternidad y cuidado de la Casa Común fueron distintos caminos hacia una misma pregunta: cómo reconstruir juntos una sociedad donde nadie quede descartado.
Desde Córdoba, la Iglesia dejó una invitación concreta: organizar la esperanza, escuchar antes de decidir, reconocer al otro y asumir cada uno su parte en la construcción del bien común.
































