Corredor Bióceanico Capricornio
El martes 19 de agosto de 2025, tuvo lugar en la Casa del Bicentenario de la ciudad de Orán, la presentación del Corredor Bioceánico Capricornio, con salida al Pacífico, que involucra a Brasil, Paraguay, Argentina y Chile; cuyo tramo argentino ingresará por el norte de la provincia de Salta, precisamente Misión La Paz, en Santa Victoria Este, territorio de comunidades originarias y criollas del Chaco salteño.
El encuentro, organizado por el gobierno de la provincia de Salta y autoridades del municipio, contó con la presencia de equipos técnicos especializados y financiadores internacionales-; miembros de comunidades originarias y criollas, organizaciones de la sociedad civil, representantes de las pastorales Social y Aborigen de la diócesis; tuvo como finalidad instalar el Corredor en la agenda de intendentes y empresarios del norte de Salta.
Entre los oradores del evento, Mons. Scozzina, presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Aborigen, miembro de la RECHAG como de la Red de Iglesias y Minería, hizo su intervención explicitando el magisterio social del Papa Francisco en sus exhortaciones apostólicas y encíclicas para abordar, desde su mirada integral, la construcción de un corredor fundamental para el mercado internacional que puede brindar oportunidades para el desarrollo local pero generar implicancias socio-ambientales y de exclusión social.-
Palabras de Monseñor Scozzina, Obispo de Orán
Recordar el legado del Papa Francisco
Creo que este encuentro sobre el Corredor Bioceánico Capricornio debe estar animado por el legado del magisterio social del Papa Francisco. En su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium, recuerda que la Iglesia está llamada a custodiar el don de la paz en diálogo con todos los actores sociales y políticos. Nos dice: “Es hora de saber cómo diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones. El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite.
No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural.” (EG 239)
Y más adelante nos recuerda un principio fundamental sobre el rol del Estado: “Al Estado compete el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad. Sobre la base de los principios de subsidiariedad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos, desempeña un papel fundamental, que no puede ser delegado, en la búsqueda del desarrollo integral de todos. Este papel, en las circunstancias actuales, exige una profunda humildad social. (EG 240).
Otra dimensión a tener presente al momento de evaluar el impacto ambiental y social que genera todo proyecto de desarrollo; es lo que el Papa Francisco en la carta encíclica Laudato Sí explicita sobre la ecología cultural, allí nos recuerda: “Por eso, pretender resolver todas las dificultades a través de normativas uniformes o de intervenciones técnicas lleva a desatender la complejidad de las problemáticas locales, que requieren la intervención activa de los habitantes. Los nuevos procesos que se van gestando no siempre pueden ser incorporados en esquemas establecidos desde afuera, sino que deben partir de la misma cultura local… Hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico dentro de un contexto cultural y requiere del continuado protagonismo de los actores sociales locales desde su propia cultura. (LS 144)
En la carta encíclica Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social el Papa anima a la
participación activa de todos los actores sociales y económicos en una corresponsabilidad activa en la búsqueda de soluciones comunes. Nos dice: “No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas”. (FT 77)
Y agrega: Busquemos a otros y hagámonos cargo de la realidad que nos corresponde sin miedo al dolor o a la impotencia, porque allí está todo lo bueno que Dios ha sembrado en el corazón del ser humano. Las dificultades que parecen enormes son la oportunidad para crecer, y no la excusa para la tristeza inerte que favorece el sometimiento. Pero no lo hagamos solos, individualmente. El samaritano buscó a un hospedero que pudiera cuidar de aquel hombre, como nosotros estamos invitados a convocar y encontrarnos en un “nosotros” que sea más fuerte que la suma de pequeñas individualidades; recordemos que «el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas». (FT 78)
Creo que este espacio de información por parte de las autoridades provinciales tiene que
complementarse con la participación de todos los actores sociales, políticos y empresariales que haga posible el diálogo social para construir la paz. Al respecto el Papa nos exhorta: “…no se trata solamente de buscar un encuentro entre los que detentan diversas formas de poder económico, político o académico. Un encuentro social real pone en verdadero diálogo las grandes formas culturales que representan a la mayoría de la población… Por consiguiente, un pacto social realista e inclusivo debe ser también un “pacto cultural”, que respete y asuma las diversas cosmovisiones, culturas o estilos de vida que coexisten en la sociedad”. (FT 219)
El reconocimiento de la diversidad cultural y social que conforma la realidad de nuestro pueblo del norte salteño en sus comunidades originarias y criollas, como también migrantes; nos interpela ante el posible riesgo de ejercer una forma de violencia. Nos dice el Papa: “La intolerancia y el desprecio ante las culturas populares indígenas es una verdadera forma de violencia, propia de los “eticistas” sin bondad que viven juzgando a los demás. Pero ningún cambio auténtico, profundo y estable es posible si no se realiza a partir de las diversas culturas, principalmente de los pobres. Un pacto cultural supone renunciar a entender la identidad de un lugar de manera monolítica, y exige respetar la diversidad ofreciéndole caminos de promoción y de integración social”. (FT 220)
Por último, en la exhortación apostólica Laudate Deum, el Papa Francisco nos anima a renovar nuestro compromiso democrático buscando nuevos modelos de gobernanza que posibiliten la inclusión y la participación comunitaria.
“Todo esto supone generar un nuevo procedimiento de toma de decisiones y de legitimación de esas decisiones, porque el establecido varias décadas atrás no es suficiente ni parece eficaz. En este marco necesariamente se requieren espacios de conversación, de consulta, de arbitraje, de resolución de conflictos y de supervisión, y en definitiva una suerte de mayor “democratización” en el ámbito global para que se expresen e incorporen las variadas situaciones. ¡Ya no nos servirá sostener instituciones para preservar los derechos de los más fuertes sin cuidar los de todos!”. (LD 43)
Espero que estas reflexiones nos ayuden a asumir el desafío en la búsqueda del bien común y de la amistad social. Muchas gracias.