Remando contra corriente | Una semilla viva de la Laudato Sí

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Viewed from the side, a young adult female paddles a canoe on a lake.

Cuando se habla de “medio ambiente”, se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados.

(Francisco, 2015: Laudato si, punto 139)

Por Matías Mattalini

El 24 de mayo del año 2015, se firmó una Carta dirigida a todos los pueblos de la tierra; más bien “a la humanidad como pueblo” y a la tierra como “casa común”. Pero ¿cómo se le puede hablar a todos los pueblos y a la tierra en un lenguaje comprensible, afable y que convoque a la escucha atenta? No basta con que sea traducido en múltiples idiomas, aunque sea necesario. No basta con que se comunique desde un púlpito lo suficientemente alto como para que todos lo escuchen. Es necesario que el contenido de la Carta esté imbuido de un sentimiento y un pensamiento lo suficientemente amplio, popular y concreto como para involucrar a “todos, todos, todos”. Es preciso que transmita que la Madre Tierra –la Pachamama– no es propiedad de algunos, no es un objeto objetivable que se puede tener, sino el lugar existencial y fenomenológico donde vivimos más que meramente habitamos, donde nos encontramos en su doble sentido, es decir: donde estamos y donde nos relacionamos con otros. La Laudato si[1], esa primera Carta Encíclica del Papa Francisco, fue, es y será un llamamiento a todos los pueblos, a todas las comunidades y a las personas dentro de ese marco colectivo que nos abriga a todos.

Ahora bien, ¿qué sentido tiene una semilla sino espera el nacimiento de un tallo y la proliferación de una planta frondosa que brinde oxígeno a la tierra en la que se desarrolla? ¿Qué sentido tiene una carta encíclica de un Papa si no es leída, aprehendida -con h intermedia de apropiación- y utilizada en sus fundamentos para innovar y transformar propiciando acciones que hagan justicia a su inspiración eclesial? La Laudato si vino a inspirar y desocultar movimientos populares que luchan y promueven el cuidado de la casa en la que estamos, en la que somos y en la hacemos (en ese orden ontológico). Vino a dar voz y profundizar el contenido de la Doctrina Social de la Iglesia que se esparce, del mismo modo que el Evangelio, como “semillas del verbo” -en palabras de San Agustin- en las culturas y en las experiencias comunitarias que así lo muestran.

Una de esas experiencias populares la encontramos -a nuestro juicio- a las orillas del río Paraná (Ysyry: agua que fluye, en guaraní), que se desenvuelve bajando del Brasil, pasando por el Paraguay y desembocando en la Argentina. Vamos a narrar y conocer dicha experiencia con la hipótesis de que en su desarrollo se muestra una semilla creciente de la vida que emerge de la lectura y apropiación de la Laudato si.

  • Defendiendo el río defendemos la “casa común”

El río corre hacia el sur con una fuerza tranquila, arrastrando sedimentos, historias personales y de pueblos enteros abrigando siglos de memoria activa. A primera vista, nada parece alterar su ritmo: el agua marrón avanza entre islas cubiertas de sauces, bandadas de aves que cruzan el cielo y el horizonte que se abre sobre el delta. Pero en medio de esa vastedad, de la anchura y la extensión, de las barcazas y los barcos que circulan, de los botes de pescadores, del disfrute de algunos niños y niñas que se mojan en las zonas de mayor serenidad, allí aparece una imagen inesperada, imprevista, sorprendente: un pequeño (aunque cada vez más grande) grupo de canoas avanza lentamente queriendo instalar una campaña con una pretensión y una visión tan amplia como la de la Carta del Papa Francisco: “Remar contra corriente por el agua, la vida y la soberanía”. Cada palada de las y los remeros, es un gesto simple, profundo y concreto que transmite ese mensaje. En ese movimiento que entrelaza fuerza, convicción y sentido de comunidad se condensa una pregunta política profunda: ¿qué significa hoy defender un río?

La campaña nació en 2024, siendo promovida por tres organizaciones: Cuidadores de la Casa Común[2], Fundación Eco Urbano[3] y Baqueanos del Río[4]. Su esencia se transmite en el gesto de una palada tras otra palada que realizan las y los remeros. Pescadores, docentes, estudiantes, curas, pastores, y referentes de organizaciones sociales decidieron recorrer el Paraná para abrir una conversación pública sobre su futuro. Remando contra la corriente, esperan escribir una carta para “todos, todos, todos”, recordando que la política es diálogo, exigibilidad de derechos y acción fraterna de transformación que implica “no dejar a nadie atrás”, como reza lema de la Agenda 2030, tan denostada por el actual gobierno nacional de la República Argentina.

  • El río vivido: la primera travesía

La travesía actual retoma una acción anterior haciendo memoria activa en y desde el litoral argentino de una experiencia de defensa contundente. En 1996 dos pescadores —Luis “Cosita” Romero y Raúl Rocco— emprendieron una remada histórica desde Ituzaingó (Provincia de Corrientes) hasta la ciudad de Paraná (Provincia de Entre Ríos) para denunciar el proyecto hidroeléctrico del Paraná Medio. Se trataba de la construcción de represas en el tramo medio del río Paraná, en el sector en que su curso se encuentra en ambas riberas en territorio argentino. La misma, tenía por objetivo: brindar una abundante energía eléctrica al país, aunque ello implicara un gran impacto ecológico.

Durante más de veinte días, Cosita y Raúl, recorrieron el río para alertar sobre los daños ambientales que podría generar el proyecto Paraná Medio. Aquella primera travesía se transformó en un símbolo de lucha que logró frenar el avasallamiento del río, junto a la acción colectiva de diversas organizaciones y el compromiso de la ciudadanía. Un fallo judicial le dio la razón al reclamo popular y luego se sancionó, en 1997, la Ley 9092[5], declarando libre de represas a la Provincia de Entre Ríos. Posteriormente en 2008, se incorporó un artículo explícito en la Constitución Provincial: Art 85: “…los sistemas de humedales, que se declaran libres de construcción de obras de infraestructura a gran escala que puedan interrumpir o degradar la libertad de sus aguas y el desarrollo natural de sus ecosistemas asociados”[6].

  • Nuevas amenazas, nuevos caminos de lucha compartida

Tres décadas después de aquella osada remada, Cosita Romero vuelve al ruedo en defensa del Paraná ante las nuevas amenazas ambientales. Hoy la amenaza principal es el dragado del río a cuarenta y cuatro (44) pies, es decir, a más de trece (13) metros de profundidad. Ello implica un impacto ecológico negativo en todo el sistema de humedales del río, que es uno de los más extensos de América del Sur. Pero hagamos un poco de memoria: ¿cómo se llega a instalar este proyecto de dragado?

En la década de 1990 nace la concepción del río como “hidrovía”. De hecho, en 1995 se concesiona el dragado a la empresa privada que adopta el nombre homónimo: Hidrovía S.A.  (integrada por: Jan De Nul y Emepa). Esta empresa se ha encargado del dragado (mantenimiento de la profundidad del canal y remoción del sedimento), el balizamiento (señalización del canal navegable) y la gestión operativa de la navegación continua. El sostenimiento de la empresa dependió de los peajes que cobró a cada barco. Cabe decir que el dragado inicial fue a veintiocho (28) pies y que actualmente está en treinta y cuatro (34)[7]. Ello permite que circulen barcos con porte oceánico a media carga, lo cual ha fortalecido el avance del modelo agroexportador que consolida los puertos del Gran Rosario y mueve el 80% de la exportación agrícola del país[8]. Sin embargo, el hecho de que los barcos completen su carga en la salida al mar, encarece la logística de la exportación. Por ello, las empresas de granos y otros actores implicados, promueven un dragado más profundo para bajar los costos eliminando la necesidad de ampliar la carga en la salida al mar. Asimismo, se podrían sumar a la “hidrovía”, buques de un porte más grande. Esta iniciativa comenzó a esbozarse con mayor fuerza años antes de que culminara la concesión histórica a la empresa Hidrovía S.A. en el año 2021[9].

La mayor parte de los grandes ríos interiores del mundo funciona con calados relativamente bajos, generalmente entre nueve (9) y doce (12) pies, debido a que el transporte se realiza mediante barcazas fluviales y no buques oceánicos. En el sistema del Mississippi, por ejemplo, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos mantiene un canal de navegación de aproximadamente nueve (9) pies a lo largo de gran parte del sistema interior, diseñado específicamente para barcazas. De manera más amplia, el sistema de vías navegables interiores de Estados Unidos —que incluye el Mississippi y sus afluentes— está planificado con profundidades de entre nueve (9) y doce (12) pies para sostener este tipo de transporte fluvial[10].

En contraste, el tramo inferior del río Paraná se utiliza para navegación de buques oceánicos, lo que exige profundidades significativamente mayores mediante dragado continuo. A diferencia de los sistemas basados en barcazas, este modelo implica adaptar un río de llanura altamente dinámico a requerimientos propios de la navegación marítima[11].

Así las cosas, cabe preguntarnos: ¿la competitividad del modelo agroexportador, está por encima del cuidado medioambiental y de la vida de las comunidades que se asientan en torno a los humedales?, los beneficios económicos que se pregonan desde los impulsores del proyecto, ¿justifican el daño y la alteración del Paraná?, ¿quiénes se benefician de manera directa con el dragado?

La redenominación del río como hidrovía, muestra el rostro más dañino de la modernidad que no deja nada por fuera de lo objetivable, es decir, de lo que el sujeto tiene derecho a dominar[12]. Si la naturaleza también es objetivable, lo único que importa es su uso para fines de producción, de extracción, de generación de riquezas materiales. Lejos de esta concepción, los pueblos originarios, concebían a la Pachamama como esa madre que nos cobija, en dónde estamos y nos relacionamos conformando pueblos y comunidades que auspician nuestro desarrollo humano integral. El río es un bien común de la casa de todos, de la madre tierra. La noción de “ecología integral” que propone Francisco en Laudato si, implica que “todo está interconectado” y que nosotros somos parte del ambiente. Por ello, no podemos objetivar la naturaleza para moldearla a nuestro modo sin tener consecuencias en nuestro bienestar, nuestras condiciones de vida y la de las generaciones futuras.

En este marco, se verifica la necesidad de una nueva travesía que se plante frene el avance desmedido sobre el río. Por ello, en este 2026, el Foro por la Recuperación del Paraná[13], surgido en este contexto, llevó a cabo la campaña “Remar contra corriente por el agua, la vida y la soberanía”, en pos de recuperar el control público, social y soberano del río Paraná y reconocerlo como un ecosistema vivo en lugar de una mera hidrovía. El Foro está integrado por: organizaciones ambientalistas (como Taller Ecologista[14]), movimientos populares (como Cuidadores de la Casa Común), sindicatos portuarios y del transporte, universidades (UNR, UNL, UNNE, entre otras) y las comunidades isleñas y de pescadores.

Además, en este 2026, la campaña fue asumida por la Red de Justicia y Paz en la Patria Grande[15] que nuclea al menos dieciocho comisiones de justicia y paz de América Latina y el Caribe. Gracias a ello, participaron de la campaña “Remar contra corriente” diez países a través de gestos concretos de defensa de los ríos en distintas latitudes de la región.

  • La remada y los testimonios que transforman

El río, es un ser vivo que fecunda el territorio y las comunidades que lo habitan. El río enseña, abre conciencias, dialoga de un modo especial con los seres humanos, abona la relación entre los pueblos. ¡No! El río no es una “autopista de barcos gigantes” como afirma Cosita Romero. Las voces que aparecen durante la remada revelan una relación profunda con el Paraná:

  • Un pescador explica: “nosotros conocemos el río como se conoce a un amigo.”
  • Un estudiante que acompaña la travesía reflexiona: “remar tantos kilómetros te hace entender que el río no es una línea en el mapa”.
  • La voz de Rita, integrante de organizaciones sociales del litoral, introduce una dimensión comunitaria: “no estamos defendiendo sólo el agua. Estamos defendiendo la vida del río y de los pueblos que viven con él”.
  • Otro remero resume el espíritu de la travesía: “remar contra la corriente no es ir contra el río. Es ir con el río”[16].

Reflexiones finales abiertas

El río Paraná no comenzó a existir cuando apareció la empresa Hidrovía S.A. ni tampoco cuando se trazaron los mapas de navegación. Mucho antes de que las dragas profundizaran su cauce, el río ya corría hacia el sur transportando sedimentos, semillas y relatos humanos. La campaña “Remar contra corriente” recuerda que los ríos no son meros corredores económicos sino sistemas vivos donde se entrelazan ecología, cultura y memoria colectiva.

El Paraná seguirá fluyendo hacia el sur. Pero la forma en que las sociedades humanas decidan relacionarse con ese río todavía está abierta. Defender el Paraná es, en última instancia, defender la posibilidad de imaginar otro rumbo para la corriente de nuestra propia historia. Una corriente que reconozca que la naturaleza no es un objeto, que el ser humano no es su dominador sin más, que tampoco se puede desconocer la producción y el desarrollo económico como factor a considerar, pero que no se puede tomar decisiones sino desde una ecología integral: aquella que respete y reconozca los bienes comunes, aquella que auspicie la dimensión económica y social, aquella que cuide el ambiente, aquella que recupere la cultura de las diversas comunidades, aquella que piense en a la justicia intergeneracional.

“Remar contra corriente” muestra, además, de qué manera los movimientos populares se apropian de la Carta del Papa Francisco y la impulsan en sus consecuencias concretas de transformación. Así se muestra en las palabras de Martha Arriola, Coordinadora Nacional del Movimiento Cuidadores de la Casa Común, en una de las postas de la remada en Paraná:

No puedo sino empezar, recordando al Papa Francisco, porque él tiene mucho que ver con esta campaña “Remar contra corriente”. Recordaba hoy más temprano que cuando remábamos el año pasado (2024) en la “Yaguarona”[17] con Cosita, rezábamos por él porque en ese momento luchaba por su salud y después partió el 21 de abril. Entonces, no está con nosotros físicamente, pero está vivo y eso es muy importante porque nos dejó un legado, como tantos grandes hombres en nuestra historia, desde una perspectiva muy integral, espiritual que es lo que intentamos siempre sostener en esta campaña. De hecho, bien en la remada, bien arropada y cobijada por el calor de los remeros y remeras, viene la Virgencita de Itatí, que fue entregada a Cosita Romero en Corrientes y que nos señala, que no se puede ganar sin una fuerte espiritualidad. Días pasados tuve la ocasión de estar virtualmente con un referente de la comunidad que luchó en el río Tapajós[18], del que hoy Cosita hacía referencia: el compañero Thiago. Él decía eso con mucha fuerza: porque pudieron hacer ese plantón de más de treinta días y enfrentarse a la policía en forma pacífica y ganar y dar vuelta la taba, porque una fuerte espiritualidad, capacidad de lucha y conciencia política y socioambiental los mantenía en pie. Nosotros tenemos que animarnos a eso, profundizar esa línea porque, como bien ya dijeron todos los compañeros: si nosotros no lo hacemos como pueblo organizado, consciente, espiritualmente fuerte, en unidad en ese multilateralismo desde abajo que Francisco siempre nos señaló que teníamos que construir, es difícil vencer. Como hoy también decía Cosita, esta remada, gracias a la gesta que el año pasado se pudo realizar y que este año (2026) los compañeros del Foro por la Recuperación del Paraná, lideraron, (…) esa remada del año pasado y ésta, fue tomada por la Red Eclesial de Justicia y Paz de la Patria Grande (otro invento de Francisco extraordinario). Por eso les digo a las y los entrerrianos que aquí hay un corazón humano muy fuerte latiendo porque dio vida a una campaña que no se detiene[19].

La interconexión entre la campaña “Remar contra corriente” y el pensamiento de Francisco, muestra que hay un elemento innovador en la construcción de la experiencia de los movimientos populares que siempre se actualiza en la capacidad colectiva de denuncia de la injusticia y del daño a la “Casa Común”, pero que se proyecta en la búsqueda de alternativas y la construcción de escenarios futuros que le digan: ¡no! a un destino impuesto.