Línea Editorial

Visión

Cómo área de comunicación de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, deseamos ser un puente comunicacional entre la dignidad de los vulnerables, entre el herido al costado del camino, entre los olvidados de las periferias sociales  y la sed de la comunidad de saber qué hace la Iglesia por ellos. Conformando una comunicación como comunión que movilice a involucrarse y a esparcir la esperanza.

Para ser puentes es necesaria la oración, el discernimiento y la meditación activa de la Palabra de Dios.

Misión

Asumimos que la comunicación es un llamado dentro del bautismo. Para vivirlo como ministerio es necesario reconocer la vocación misionera evangelizadora en la comunicación, poniendo al servicio los propios dones y talentos. Por eso es necesario cuidarlo con la oración, la Palabra de Dios, la escucha, la formación y la comunidad.

Puntos Claves

  1. Entendemos la comunicación como una misión evangelizadora donde la escucha sinodal y desde el corazón recoge el sentir de las personas con sus dolores, sus heridas y vulneraciones. En ese sentido, ponemos la mirada en la mirada de los vulnerados, al estilo del buen samaritano.
  2. La comunicación de la Pastoral Social tiene que ser «voz de los que no tienen voz» (Proverbios 31, 8-9), visibilizando injusticias y amplificando las voces que son silenciadas custodiando las voces y los rostros humanos[1]¨
  3. En esa actitud, percibimos en las personas una sed de conocer, ver, y ponerse en contacto con ejemplos concretos de la Iglesia al servicio, de una Pastoral Social samaritana que se “mete en el barro” para tomar contacto con las heridas, reconociendo la dignidad humana de todas las personas.
  4. Como área de comunicación estamos al servicio de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y sus comisiones, recogiendo, mostrando sus frutos y acompañando sus procesos comunicacionales. Siendo y haciendo vínculos vivos para sostener la esperanza.
  5. Promovemos una comunicación cercana, empática, propositiva, evitando la hostilidad en el lenguaje y suscitando la esperanza, tendiendo a la unidad, buscando consenso, unificando criterios, colaborando a la unicidad de la Iglesia como comunidad.
  6. Deseamos ayudar a leer y discernir los signos de los tiempos que hoy se traduce, en concreto, en la realidad social de nuestro país comunicando con creatividad, audacia y profetismo
  7. Escuchar con el corazón y cuidar que las relaciones sean dignas y recíprocas, identificar las relaciones distorsionadas que influyen en el modo de pensar y actuar de las personas. Por ejemplo, el racismo, la discriminación, la violación de los derechos de las minorías, la falta de voluntad para acoger a los migrantes, el descarte de niños y ancianos.
  8. El ministerio de la comunicación, inspirado por el Sínodo, es una herramienta vital para construir una Iglesia más sinodal, inclusiva y transformadora, respondiendo a los retos de la sociedad contemporánea con audacia, transparencia y un profundo compromiso con el Evangelio.

[1] Papa León XIV, Carta para la 60° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Marco Doctrinal

  1. Vayan por todo el Mundo y anuncien la Buena Noticia (Mc. 16,15) 
  1. Papa Francisco: 57° Jornada mundial de las comunicaciones sociales

Comunicar cordialmente quiere decir que quien nos lee o nos escucha capta nuestra participación en las alegrías y los miedos, en las esperanzas y en los sufrimientos de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo.

De nuestra boca no deberían salir palabras malas, sino más bien palabras buenas «que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan» (Ef 4,29).

A veces, el hablar amablemente abre una brecha incluso en los corazones más endurecidos. Tenemos prueba de esto en la literatura

En la Iglesia necesitamos urgentemente una comunicación que encienda los corazones, que sea bálsamo sobre las heridas e ilumine el camino de los hermanos y de las hermanas. Sueño una comunicación eclesial que sepa dejarse guiar por el Espíritu Santo, amable y, al mismo tiempo, profética; que sepa encontrar nuevas formas y modalidades para el maravilloso anuncio que está llamada a dar en el tercer milenio. Una comunicación que ponga en el centro la relación con Dios y con el prójimo, especialmente con el más necesitado, y que sepa encender el fuego de la fe en vez de preservar las cenizas de una identidad autorreferencial. Una comunicación cuyas bases sean la humildad en el escuchar y la parresia en el hablar; que no separe nunca la verdad de la caridad.

Una confianza que necesita comunicadores no ensimismados, sino audaces y creativos, dispuestos a arriesgarse para hallar un terreno común donde encontrarse. Como hace sesenta años, vivimos una hora oscura en la que la humanidad teme una escalada bélica que se ha de frenar cuanto antes, también a nivel comunicativo. Uno se queda horrorizado al escuchar con qué facilidad se pronuncian palabras que claman por la destrucción de pueblos y territorios. Palabras que, desgraciadamente, se convierten a menudo en acciones bélicas de cruel violencia. He aquí por qué se ha de rechazar toda retórica belicista, así como cualquier forma de propaganda que manipule la verdad, desfigurándola por razones ideológicas. Se debe promover, en cambio, en todos los niveles, una comunicación que ayude a crear las condiciones para resolver las controversias entre los pueblos.

Que el Señor Jesús, Palabra pura que surge del corazón del Padre, nos ayude a hacer nuestra comunicación libre, limpia y cordial. 

  1. Papa León XIV: 60° Jornada mundial de las comunicaciones sociales

Desde el momento de su creación, Dios ha querido al hombre como su interlocutor y, como dice san Gregorio de Nisa, [1] ha impreso en su rostro un reflejo del amor divino, para que pueda vivir plenamente la propia humanidad mediante el amor. Por tanto, custodiar rostros y voces humanas significa conservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitable que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás.

El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos.

El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados.

Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.

La alfabetización en los medios de comunicación, de información y en la IA ayudará a todos a no adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, sino a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre una validación externa de las fuentes —que podrían ser imprecisas o erróneas— proporcionadas por los sistemas de IA, a proteger su privacidad y sus datos conociendo los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación.

Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica.

 

Área de Comunicación CEPAS
1 de abril de 2026

Pastoral Social