Por María José Caram, tucumana, Doctora en Teología, Docente de la UCC y Domuni universitas, miembro de la Pastoral Social de Tucumán
Hay domingos en que la liturgia parece escrita para nosotros. Nos preparamos para la Semana Social 2026, y las lecturas ayudan a explicar por qué la Pastoral Social hace lo que hace.
Jeremías es el que más me detiene: siente la Palabra como un «fuego» que no puede callar, aunque le cueste el rechazo (Jr 20,7-9). Ahí reconozco a la Pastoral Social cada vez que denuncia lo que hiere la dignidad humana

El salmo 60 agrega algo que a veces olvidamos: todo empieza con la sed de Dios, no con un programa; primero está el encuentro con el Señor, y desde allí, como brota el agua de un manantial, se produce la salida hacia los demás.
Pablo va directo: no amoldarse al mundo, sino discernir y ofrecer el propio cuerpo (Rm 12,1-2) —justo lo que la Semana Social tendrá que hacer frente al empleo, la inteligencia artificial y el poder digital.
Y el Evangelio cierra con la frase que sostiene todo lo anterior: «El que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,21-27). Ahí está el bien común: exige que nuestro interés propio no tenga la última palabra.
Eso nos aporta la Pastoral Social: una mirada evangélica y un puente entre quienes no siempre se sientan a la misma mesa del diálogo.
Que Santa Rosa de Lima, patrona de América, a quien conmemoramos en estos días, nos inspire en el camino de amor hacia los más pequeños de nuestro país.











