Ya hemos hablado de la Graja Siquem, un espacio para niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Nos deja su reflexión dominical Manuel Schneider, médico veterinario, fundador y actual coordinador de la mencionada Granja que está en Río Cuarto, Pcia de Córdoba.
Para los niños en riesgo, las adicciones, los que duermen en la calle, los cartoneros y tantos más heridos al costado del camino, no hay otra de que encontrarse y articular, la puesta en acción, que es lo que el Francisco nos pide, nos tenemos que encontrar, es la única alternativa. Volver a reconstruir este entramado social que se ha destruido y empezar desde los barrios, con las instituciones y encontrarnos.
Se juega a la dignidad de la especie humana. Es duro lo que estoy diciendo, demostrar que la vida, quienes somos creyentes y podemos hablar de Dios, se nos ha dado mucho y hay responsabilidades que las tenemos que poner en práctica. Y si como especie humana no reaccionamos, vamos a la extinción. Hablar de lo macro, las guerras, los problemas mundiales, al día a día, si no lo hacemos por justicia social, si no abordamos estas desigualdades, no vamos a caminar más por la misma vereda.
Pedirle principalmente a aquellas personas que ocupan cargos de mayores relevancia, responsabilidades, jerarquías a empezar a ver cómo hacen para que se junten, que esos mundos se conozcan y desde las responsabilidades de cada uno empezar a accionar. En ese accionar Francisco habla del buen samaritano. En la Biblia es quien se para tomar al que está herido, lo lleva lo albergue y paga su tratamiento. Y hace un agregado en uno de sus documentos, algo que él planteó para la humanidad y principalmente para quienes somos católicos, ser buen samaritano, cuidando al herido es la mitad de nuestro trabajo. Estamos haciendo la mitad de lo que debemos hacer, Francisco plantea que lo tenemos que hacer no es solo atender al herido sino actuar sobre las causas que provocan esos heridos, si no actuamos sobre las causas, si no actuamos sobre las estructuras, si no actuamos sobre las problemáticas, hacemos la mitad de lo que debemos hacer. Y eso como humanidad, creo que es una obligación, principalmente para aquellos que hemos tenido oportunidades. A quien se nos han cumplido la mayoría de nuestros derechos, tenemos privilegios, y los privilegios se deben honrar y la forma de honrarlo es haciendo algo por el otro.
Una de las victorias de quién está en la vereda del frente es hacernos creer que somos pocos los que queremos y pensamos y hacemos el bien. Y hacernos creer que no se puede hacer nada. Yo creo que ese es un primer paso fundamental, saber que no somos tan pocos y saber que algo podemos hacer y que lo poco que hagamos, es importante. Eso como una primera cuestión Y una segunda cuestión es el hacerlo para poder sentir en las tripas, que el hacer te genera felicidad que el dar es mucho más lo que recibís cuando das un poquito, más si lo das del corazón, lo das desde el concepto de Justicia, no desde el concepto de lástima, no desde el concepto de limosna, que en muchos casos es necesario, porque si hay hambre hay que darle de comer a la gente, pero hay que trabajar para promover y para dar derechos y cumplir que todos tengamos la oportunidad de vivir en contexto de Justicia. Si lo hacemos desde el corazón y desde esa mínima convicción es mucho más lo que les recibimos de lo que damos y esa ese sería el segundo paso muy importante para empezar a cambiar la realidad y eso desde lo más chiquito de mirarse a los ojos. No nos damos una mano para ver una sonrisa, una mano lo más simple, o sea el ejemplo o la tensión que se vive en cada momento en los semáforos, cuando alguien limpieza de los vidrios. Es una crueldad, esa persona quiere hacer un trabajo mínimo para poder comer y vivir y nosotros levantamos el vidrio, pues tenemos miedo y nos enojamos muchas veces. Tenemos que volver a encontrarnos.
Miles de jóvenes han pasado por Siquem pero uno no ya lo vale, los chicos me han enseñado a vivir, tuve la bendición, la gracia de nacer una familia con todas las alternativas ir a la Universidad. Fueron todas cuestiones que se me fueron dando el andamiaje y los niños de Siquem me fueron dando ese plus necesario para seguir. Valorar la vida es eso que por ahí te cuesta si ves los medios, si ves las redes, Gaza, Irán, Trump, Milei… Creo que la simpleza y la sabiduría de los de los más excluidos y los más pobres te enseñan a poner la libido en lo esencial de la vida y a poder seguir adelante.

Ayer, cuando terminamos de almorzar y salíamos de la asamblea en la Granja: Vino Noah, uno de los más chiquitos que tenemos, de 8 años. Me planteó «que los chicos me dicen que yo soy petiso, que soy chiquito». Lo miré un ratito. Y le dije: -pero si vos sos el más fachero de toda la granja, el más pintón-. El enano, que es petisito, pasó a tener 2 mts de alto, se fue chocho, o sea un gesto, una palabra y obviamente que me sentí yo mucho mejor que él por haber logrado cambiarlo de sintonía y que fue a jugar el fútbol contento. Esa es la esencia de nuestro trabajo. Nos gustaría tener el cien por cien de nuestro tiempo para esto.
Hubo momentos le dedicaba mucho más tiempo a eso a estar con los Noah y no andar desesperado buscando recursos. Los últimos años, varios años ya y cada vez peor le tenemos que dedicar más tiempo a eso que a los chicos por la situación en la cual.
El Mundo Siquem se ha transformado en algo muy grande, con costos fijos que todos los meses tenés que pagar. Son 60 chicos que todos los días desayunan, almuerzan y meriendan. Almuerzan como creo que la mayoría de Río Cuarto no almuerza así porque nosotros producimos nuestros alimentos, hacemos nuestras comidas y comemos muy bien y muy rico. Y eso es un paquetón de plata, merecido y disfrutado.
La alternativa es juntar 3 patas. Las organizaciones sociales, el estado y el sector privado, la sociedad, no se ve otra alternativa. El encuentro del sector privado y las organizaciones, cada uno desde sus posibilidades y desde sus responsabilidades.
Uno lo hace porque sueña, soñó, sueño y soñara y luchará toda su vida para que todos puedan tener lo que uno ha tenido y que le ha hecho bien, lo ha hecho feliz. Lo llevamos a nuestros hijos y vamos ampliando el círculo, queremos para la mayoría de la gente, para toda la gente que quiera un mundo diferente. Y para lograr eso y para poder caminar por la misma vereda como al principio, es necesario que nos encontremos y que nos ayudemos.
Tenemos que volver, los que quedamos, a encontrarnos, a reconstruir. Con el Estado pidiendo y exigiendo que haga lo que tiene que hacer; con la sociedad, con sus diferentes estructuras y jerarquías, pidiendo y exigiendo que hagan lo tienen que hacer y hacerlo por justicia social.













