Santiago Barassi, miembro de Justicia y Paz e integrante de Factor Francisco, vivió el regalo de estar en la Vigilia de Oración que León XIV compartió con los jóvenes en Madrid el 6 de junio de 2026. Aquí nos comparte lo que vivió.
SALGAN DE LO APARENTE, SEAN VERDADERAMENTE HUMANOS
Invitado por la Arquidiócesis de Madrid, pude participar y vivir la Vigilia del Papa León XIV con miles de jóvenes de toda España que peregrinaron para este encuentro. Un hito en estos primeros pasos de León como sumo pontífice, un acontecimiento para la Iglesia española pero sobre todo una marca en las vidas de miles de jóvenes que experimentaron un momento de fervor, mística y compañerismo.

El equipo de la delegación episcopal de jóvenes de Madrid me habían ubicado en un lugar destacado para poder seguir la Vigilia entre los invitados especiales. Sin embargo, no me interesaba tanto asistir “institucionalmente” a este mega encuentro, sino ver cómo vivían las juventudes españoles esta jornada. Por eso le pedí a la seguridad que me permitieran ir a contramano y pasar del otro lado de la valla -del VIP a la popular, sería-. Ahí estaban los jóvenes de grupos misioneros, colegios católicos, comunidades pastorales que llegaban a ese encuentro luego de meses de preparación y organización. Llevaban sus remeras, pulseras, banderas y pañuelos que identificaban sus comunidades, pero todas tenían una misma frase: ALZAD LA MIRADA.
Ese fue el lema que la Iglesia española y el Vaticano eligieron para la visita apostólica de León XIV a España. Mirar al cielo, buscar a Dios, salir de lo inmediato y desear lo eterno. Hermosa y necesaria invitación. Mientras estábamos esperando la llegada del papamóvil a la colmada Plaza de Lima, veía cómo los jóvenes conversaban apasionadamente mientras los celulares registraban el momento con fotos y videos. Ahí comprendí que en ese lema también había un mensaje para ellos en línea con la encíclica MAGNIFICA HUMANIDAD. “Alcen la mirada” al otro, saquen los ojos de las pantallas y vayan al encuentro de la vida más allá de las redes y los algoritmos. Sean libres para poder mirar más allá.
Esta intuición me la confirmó el propio León en el diálogo con los jóvenes que el Arzobispo de Madrid, José Cobos Cano, presentó y moderó. Fue una conversación en la que jóvenes de diferentes ámbitos, orígenes y comunidades preguntaban al Papa como reconocer la voz de Dios en este tiempo, de que forma acompañarse en la búsqueda espirituales y cómo vivir la fe comprometidos con la sociedad.
Silencio, verdad y libertad. Esos fueron los ejes de las respuestas de León. Una invitación a una disciplina personal para habilitar un crecimiento espiritual que, resistiendo el aturdimiento de la hiperconectividad, se vuelve el núcleo de una libertad real a partir de la cual construir relaciones sociales y vínculos interpersonales nuevos. Y fue muy didáctico y concreto. “Aprendan a estar en silencio. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras, nos compran sin alimentarnos, otras hablan por intereses. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”.
La verdad como desafío y como tarea. León subrayó la importancia de buscar la verdad, porque la lógica de las redes engañan y mienten. “Dios es Verdad” dijo categóricamente, y lo definió como criterio de discernimiento. “Si te lleva lejos de Dios, no es verdad”. Y profundizó esta idea introduciendo la noción de libertad, concepto tan tensionado y disputado en estos momentos del debate público: “somos libres de las modas, porque somos discípulos de la Verdad. Somos libres en Cristo y Cristo nos ha liberado con su amor. Estamos abiertos al futuro, porque no nos espera la muerte. Al contrario, el sentido de la historia culmina en la eterna comunión de la vida que Dios prepara para todos”.
La dimensión social de esta espiritualidad renovada es un rasgo que ya puede identificarse en el modo en que León plantea las respuestas a las dinámicas del mundo actual. La conversión y autobservación es el principio que nos puede salvar de la crisis civilizatoria y ponernos en perspectiva de futuro. En este planteo ético-espiritual, León también responde a la crisis de sentido que genera depresiones generalizadas entre los jóvenes: “Cuando la vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada, ya no la sentimos nuestra. Ante este vacío de la indiferencia y del compromiso, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sean ustedes mismos chispa de una humanidad nueva”.
La vida humana, su sentido y la tentación de la evasión virtual como forma de escape a un mundo que se vuelve hostil y oscuro. Las redes, los avatares y las vidas digitales como pantano en el cual los jóvenes buscan caminar tratando de encontrar algo que los contenga y los muestre plenos, exitosos, deseables. Por eso el pedido concreto que hizo el Papa sobre el final de su intercambio fue simple pero contundente: “Quiero enviar a todos ustedes una misión: sean humanos. Si, sean humanos, hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables, personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella.”
Ya cae el sol de Madrid y el bullicio de la multitud se apaga completamente. La adoración del santísimo sacramento genera un silencio impactante. De fondo, las imágenes bíblicas pintadas por los maestros del siglo de oro español se proyectan en la mega pantalla del escenario. El coro canta de manera sublime. Miles se arrodillan con devoción.
Ya estoy en camino al metro de Madrid cuando los fuegos artificiales explotan en el cielo oscuro. Mientras camino, pienso en el desafío que León XIV y toda la Iglesia tiene en este momento histórico. Más aún de cara a esa multitud de chicos y chicas que buscan en la Iglesia algo que los contenga y les de respuestas en medio de este caos global. La tentación de refugiarse en un clericalismo identitario, que les confirme todo y les esquematice el mundo, es grande y plausible. Por eso Francisco insistió en la salida como gran movimiento existencial. La verdad está afuera, entre el pueblo. En León, esa verdad está en lo humano, en la singularidad del corazón del hombre, en la conversión personal y social.
Salir para encontrarse en el camino con la propia humanidad. Con lo que somos y podemos ser. Esa es la invitación de la Iglesia de Francisco y León. Salgan, sean plenamente humanos.











