TODOS, TODOS, TODOS
Por Ángeles Furlani, Lic. en Administración de empresas, Magister en Doctrina Social de la Iglesia, miembro de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas
Esta frase pronunciada refiriéndose a la Iglesia, sirve para considerar que en la sociedad también debemos estar todos. Cuando esto no sucede, se genera el descarte humano que luego se intenta subsanar con la eufemística «inclusión», que no sería necesaria si primero no existiera la exclusión.
La economía es social porque su impacto recae sobre todos y, cuando no es justa, a unos favorece mientras que a otros los excluye cada vez más. Si ampliamos la mirada y ponemos el acento en las causas para evitar tantas malas consecuencias, tal vez estemos más atentos para no excluir sistemáticamente a los más débiles y a los diferentes. Se hace difícil cuando las políticas públicas consideran un gasto inútil cualquier acción que tienda a sobrellevar las consecuencias que la misma política y la economía generan.
Una economía que enarbola la meritocracia comete el error de ignorar los diferentes puntos de partida y de no reconocer lo que hay de don en cada talento. Por eso Francisco advierte que «el nuevo capitalismo a través de la meritocracia da un carácter moral a la desigualdad..» Y León XIV nos habla de una «falsa visión de la meritocracia en la que parecería que solo tienen mérito aquellos que han tenido éxito en la vida.»
Vale la pena entonces atreverse a cuestionar esta meritocracia y dejar de excluir a los más débiles, para que no solo en la Iglesia sino también en la economía y en las políticas gubernamentales estemos TODOS, TODOS, TODOS.











