El deporte que construye la paz

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Cuando las luces del Mundial FIFA 2026 se apagaron, quedó mucho más que un campeón. Permaneció una certeza: el deporte sigue siendo uno de los lenguajes universales más poderosos para unir personas, culturas y generaciones.

Por Fernando Brugaletta, subcomisión Paz y Deporte de Justicia y Paz

Durante semanas vimos cómo millones de personas compartieron alegrías, tristezas, abrazos y esperanzas. Esa experiencia nos recuerda que la competencia solo alcanza su verdadero sentido cuando está acompañada por el respeto, el juego limpio y el reconocimiento del otro como un hermano, nunca como un enemigo.

Desde la Subcomisión de Paz y Deporte de la Comisión Nacional de Justicia y Paz entendemos que este es el mayor legado que deja el Mundial. El deporte no debe limitarse al espectáculo; es una herramienta privilegiada para educar en valores, fortalecer vínculos, incluir a quienes muchas veces quedan al margen y promover una auténtica cultura del encuentro.

El Papa Francisco definía al deporte como un camino de fraternidad, mientras que el Papa León XIV nos invita a redescubrir su capacidad para sembrar esperanza y tender puentes en un mundo marcado por las divisiones. Ese llamado interpela especialmente a clubes, escuelas, familias, dirigentes y deportistas.

El verdadero triunfo comienza cuando el deporte ayuda a construir comunidades más justas, solidarias e inclusivas. Ese es el desafío que continúa después del pitazo final: transformar cada cancha, cada entrenamiento y cada encuentro deportivo en un espacio donde la paz deje de ser una aspiración para convertirse en una experiencia cotidiana. Porque allí donde el deporte une, también florece la esperanza.