¿Qué va a encontrar el papa León en nuestra Patria?

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Por Silvina Oranges

La espera se vuelve oración y la cuenta regresiva se palpita en cada rincón del país. El papa León XIV está por pisar suelo argentino, la tierra natal de Francisco, y lo que encontrará no es solamente una agenda protocolar, sino el testimonio de un pueblo que se pone en camino y lo espera con los brazos y el corazón abiertos.

¿Qué Argentina recibirá al Papa? Ya lo dijeron nuestros obispos: una Patria herida y dividida, marcada por la confrontación, la división y donde la descalificación es cotidiana. Pero también encontrará una Nación profundamente viva en su fe, que se pone en camino.

En el Monumento a los Españoles y en Córdoba encontrará a familias enteras que transmiten el Evangelio en el hogar.

En la vigilia, encontrará a jóvenes entusiastas que comprometen su alegría y rebeldía en la construcción de una sociedad más justa.

En el Cottolengo de Claypole, se encontrará con el milagro de la providencia y la ternura de Don Orione, donde cada persona con discapacidad es recibida como el mismo Cristo sufriente y resucitado, demostrando que la verdadera riqueza de una sociedad se mide en cómo abraza a los más vulnerables.

En la cárcel de Devoto, se encontrará con la certeza de que nadie queda fuera de la misericordia. Encontrará una comunidad de hermanos privados de su libertad pero abiertos a la conversión, junto a capellanes, diáconos, religiosas y voluntarios de la pastoral carcelaria que caminan junto a ellos todo el año.

En la UCA, se encontrará con trabajadores, empresarios, representantes de la economía popular y dirigentes sindicales dispuestos a tejer puentes, y escuchará el esfuerzo cotidiano de quienes sostienen la producción y el empleo, y descubrirá una comunidad que busca consolidar un modelo de desarrollo humano integral.

En Luján, abrazará a jóvenes recuperados de las adicciones, a servidores de Cáritas que silenciosamente entregan su tiempo en barrios populares, comedores y comunidades parroquiales, a trabajadores precarizados que se levantan cada día a ganar el pan y no pierden la esperanza.

En cada acto, se cruzará con miles de voluntarios que se ofrecieron desinteresadamente para que su visita sea una fiesta de paz, ordenada y segura, donde el centro sea el mensaje evangélico y el encuentro comunitario.

El Papa experimentará de cerca la riqueza de nuestra religiosidad popular: esa fe sencilla y desbordante que desfila en cada santuario, procesión y gruta a lo largo y ancho del territorio. Verá una Iglesia en salida, encarnada en los dolores y esperanzas de los más humildes, pero sostenida por la esperanza cristiana.

Sin duda, Argentina le regalará a León XIV su calidez inconfundible, su capacidad de resiliencia y una vivencia comunitaria de Cristo que se celebra en comunidad. Venimos preparándonos hace meses no solo para recibirlo, sino para dejarnos sacudir por su mensaje de fraternidad y paz.

¡Bienvenido a casa, papa León!