Desde todos los lugares y para todos los hermanos
50 años del Asesinato de los 4 Beatos Mártires Riojanos
Reflexión de Monseñor Dante Braida, Obispo de La Rioja y presidente de Pastoral Social Argentina
Los cuatro mártires llegaron a la Rioja, guiados por el Espíritu de Dios, que los guiaba desde diferentes lugares del país y del mundo y con diferentes vocaciones dentro de la Iglesia, un obispo, un sacerdote misionero, un sacerdote religioso y un laico.
Es por Jesucristo por quien Mons. Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera dieron la vida no solo el día que los mataron sino en su testimonio cotidiano del Evangelio asumiendo las diferentes situaciones de la vida con su luz y buscando desde allí su transformación con una acción concreta en el mundo. Sus vidas fueron un testimonio de cómo vivir el Evangelio en medio de las dificultades y de cómo amar a Dios y al prójimo con todas las fuerzas buscando su liberación de toda esclavitud y guiándolo a una Vida plena como miembros de una comunidad y en comunidad.
Nos decía nuestro obispo Mártir: “Seguiremos trabajando para que juntos descubramos y asumamos los problemas; juntos afrontemos las dificultades del camino y juntos manifestemos con la vida que Cristo no es una ilusión en la vida sino la subyugante realidad que es capaz de hacer la más profunda revolución en el hombre y en la sociedad, si somos capaces de cambiar radicalmente la vida…”([1])
Aquí, en esta tierra riojana, los mártires trabajaron por la paz como fruto de la justicia. Aquí fueron perseguidos por vivir la misión propia de cada uno. Por practicar la justicia. Por eso, el caminar juntos con espíritu misionero es para mejorar el mundo, para llevar una buena noticia a todas las personas y familias, a todos los ámbitos sociales. Implica ser canales de liberación de todo lo que nos ata y limita el crecimiento. Como bien lo decía mons. Angelelli: “‘Sentir en Iglesia y con la Iglesia’ nos supone para nosotros cristianos, ratificarle a nuestro pueblo, del que somos parte también, que queremos acompañarle en su proceso liberador de todo aquello que le impide ser un hombre como lo pensó y realizó Dios en el relato primero de la Biblia; señor de las cosas y con capacidad creadora, como lo quiere Cristo después de su Pascua” ([2])
Por eso hoy podemos preguntarnos:
¿Cuáles son los desafíos que más nos interpelan en este tiempo?
¿Cuáles las realidades humanas y sociales que más requieren un proceso de liberación?
¿Cómo crecemos como comunidad orante y cómo vivimos el ser comunidad?
Las respuestas tenemos que buscarla juntos, escuchándonos, dialogando, discerniendo en comunidad y caminando juntos con espíritu misionero. Siempre.
[1] ANGELELLI E., Fiestas Patronales de San Nicolás, La Rioja, 2 de julio de 1972, 2.
[2] Ibid











