La historia de la Casa de Matías nace del dolor más profundo. Matías, el hijo de tres años de Roxana Toranzo, su fundadora, falleció trágicamente tras perderse mientras estaba al cuidado de su niñera. Fue encontrado horas después, ahogado en una acequia. En ese momento, Roxana sintió que la vida la ponía frente a una decisión extrema: alejarse de Dios o aferrarse aún más a la fe.
«La Casa de Matías», es una ONG de Jesús María, Córdoba, la organización ha brindado apoyo a más de 700 niños y adolescentes a lo largo de su existencia. Roxana inició esta noble causa el 16 de agosto de 1994 tras la pérdida de su hijo Matías.
Desde una fe profunda, heredada de una familia católica y creyente, Roxana encontró respuestas donde parecía no haberlas. “Si a la Virgen María le pasó con su hijo, ¿por qué no podía pasarme a mí?”, se preguntó. Esa reflexión no cerró la herida, pero la transformó en camino.
Así comenzó, casi sin proponérselo, una obra inmensa. El 16 de agosto de 1994, Roxana llevó a cuatro chicos de la calle a desayunar a su casa. Ese gesto sencillo marcó el nacimiento de La Casa de Matías, aunque en ese momento ella no lo supiera. Desde ese día, nunca dejó de recibir chicos.
Algunos de los niños y jóvenes que estuvieron en la Casa de Matías vivieron allí durante años; otros fueron acompañados y contenidos en distintas etapas de su vida. Siempre con una condición clara y formativa: terminar el secundario. La educación es la base para construir dignidad y futuro.
La Casa de Matías funciona únicamente gracias a la solidaridad. No recibe ayuda municipal, provincial ni nacional. Se sostiene con donaciones de empresas, comercios y, sobre todo, de familias de Jesús María y la región. Esa red comunitaria es, para Roxana, una de las mayores fortalezas de la obra.
Con el paso del tiempo, muchos sueños se fueron cumpliendo. Desde transformar un espacio humilde en un albergue digno hasta ver a la primera joven del hogar recibirse con un título universitario en una universidad nacional.
Además, con la Universidad Siglo 21 logró consolidar un proyecto donde los estudiantes pueden ir a brindar apoyo escolar. Muchos de los que pasaron por ese lugar se han convertido en sus “hijos adoptivos” y actualmente van a ayudar a los más pequeños o a ella misma con el mantenimiento del lugar.
Por todo esto, Roxana siente que Matías nunca se fue. Que sigue presente. Que acompaña. Que “revolotea” por cada rincón de la casa que lleva su nombre. Primero Dios, dice ella, y después Matías.
La Casa de Matías no es solo un hogar. Es una respuesta al dolor, una fe puesta en acción y un testimonio vivo de que el amor compartido puede transformar realidades.
Fuente: Cadena 3 y Radio La Folk Argentina











