«En defensa del río, la vida y la soberanía»
Monseñor Matías Vecino, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Fe, participó junto con el equipo de Pastoral Social en la llegada de la travesía: Salvemos el Paraná y sus humedales a la ciudad de Santa Fe. Una iniciativa que recorre 800 km. por el río Paraná, para visibilizar el cuidado del ecosistema y la soberanía sobre una de las principales vías fluviales del país.

Particularmente, esta iniciativa surge para expresar el desacuerdo con el proceso de licitación denominado Concesión de la Vía Navegable Troncal (VNT), que contempla el dragado del cauce del río a 44 pies, para permitir la navegación de embarcaciones de mayor porte sin un estudio de impacto ambiental adecuado.
Tanto en la Encíclica Laudato Si’ como en diversas oportunidades, nuestro recordado y querido papa Francisco, enfatizó en entender al agua como bien común, vinculada estrechamente a una justicia ecológica y a los derechos humanos fundamentales. Su figura ha dejado un legado y una voz que queremos seguir asumiendo desde el equipo de Pastoral Social. Es por ello que hoy insistimos en que el verdadero desarrollo debe ser sostenible e integral, priorizando el cuidado de nuestra Casa Común y asegurando una mejora en la calidad de vida humana para las generaciones presentes y futuras de nuestra región. Es imprescindible una mayor transparencia en estos procesos, más escucha y participación de las comunidades en una sana construcción de las políticas.
«Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos.» (Laudato Sí, 14)
Compartimos el documento colectivo que fue leído por representantes de las diversas organizaciones, en la tarde del 15 de marzo sobre la playa este de la Laguna Setúbal.
Salvemos el Paraná y sus humedales
Durante el mismo evento, Monseñor Vecino participó de la radio abierta, y expresó: “El río es mucho más que un camino o una hidrovía. El río es vida, es identidad, es parte de nuestra cultura y tenemos que cuidarlo y abordarlo desde estos diferentes aspectos también.”
Luego, realizó una lectura del libro del Génesis 1 que culminó en el versículo 10 diciendo: “Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.”
Matías compartió la siguiente reflexión: “Sobre el agua está el espíritu de Dios, el agua es mucho más que algo material, el agua tiene una razón de ser y un orden, como dice el relato del Génesis. Cada cosa tiene su lugar a medida que Dios le va dando sentido”
Junto con una bendición impartida a todos los presentes que se acercaron por tierra y agua, nos exhortó a encontrar el verdadero sentido de las cosas: “Que nosotros también podamos descubrir el sentido de las cosas, las cosas no están ahí para un uso arbitrario, sino que descubriendo el sentido profundo, el espíritu de Dios que aletea sobre las agua, que se cierne sobre las aguas y sobre toda la creación; también podamos disfrutarlas y al mismo tiempo ser co-creadores. El agua es para nosotros signo de vida, la usamos en el bautismo. Que siga siendo para el ser humano y especialmente en el Litoral esa fuente de vida. Pedimos al Señor que nos ayude a comprender el sentido profundo del agua, le pedimos que nos ayude a protegerla, a cuidarla, a compartirla entre todos y así construir un mundo mejor para las generaciones que siguen. Que respetemos la vida de aquellos que viven del agua, que viven de la pesca, que viven de este suelo, que no seamos depredadores de nuestro territorio, nuestra Casa Común. Hoy se encuentran en esta remada dos imágenes: la Virgen de Luján y la Virgen de Itatí. La Madre siempre toma las características del Pueblo y se hace nuestra. Le rezamos especialmente a ella.”
Por último, compartimos un subsidio litúrgico elaborado por la REPAM (Red Eclesial Panamazónica), una invitación a celebrar en cada comunidad el Día Internacional del Agua (22 de marzo) y unirnos así en la oración.
“Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. El agua que yo le daré se convertirá en él en un manantial que brota para vida eterna». La mujer le dijo: «Señor, dame ese agua, para que no tenga más sed».” (Juan 4,13-14)










