Semana Santa
Cuando el Poder ser revela en la entrega
Por Fernando Javier Navarra, Miembro de Pastoral Social, Abogado y Docente
Al comenzar esta Semana Santa, contemplando la Pasión del Señor, somos invitados también a discernir las formas en que el poder se ejerce en nuestra vida personal y social.
La Doctrina Social de la Iglesia nos ayuda a iluminar este discernimiento, recordándonos que toda forma de autoridad encuentra su legitimidad en la búsqueda del bien común, entendido como “el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas y a los grupos alcanzar más plena y fácilmente su propia perfección”.
Sin embargo, no todo ejercicio del poder se orienta verdaderamente a ese fin, ya que existen algunas formas que, bajo apariencia de bien, esconden intereses particulares —la manipulación—, y otras que directamente se imponen por la fuerza —la coerción—.
Frente a esto, Cristo nos revela un camino distinto. Es el camino de la persuasión que nace de la verdad y del amor, y que se traduce un ejercicio del poder y de la autoridad como servicio.
En su entrada a Jerusalén y, más profundamente, en su Pasión, vemos cómo se despliegan las tensiones entre estos modos de poder. Un pueblo que primero lo aclama recibiéndolo con olivos y palmas, pero a los pocos días lo condena, influenciado por dinámicas de presión, intereses y temores de estructuras de poder políticas y religiosas que sintiendo su “status quo” amenazado por el mensaje de Cristo utilizan la manipulación y la violencia en su contra, no llegando nunca a comprender que el verdadero reinado de Cristo no era ni es de esta Tierra.
Pero también vemos a Jesús que permanece fiel al Señor con la fuerza del Espíritu. Su autoridad no se impone, sino que se ofrece. Cristo no manipula, sino que propone. Nuestro Salvador no divide, sino que convoca y une.
Y es aquí donde se revela un aspecto central de la noción de bien común, en su sentido más pleno, ya que el mismo no puede reducirse a una suma de intereses ni a un equilibrio de fuerzas. El bien común auténtico tiende a la comunión, que no es solo un ideal espiritual, sino la expresión más profunda de una sociedad reconciliada, donde los vínculos son restaurados y donde cada persona es reconocida en su dignidad.
En Cristo, que entrega su vida y la recupera en la Resurrección, descubrimos que el camino hacia el bien común pasa necesariamente por la construcción de comunión, con Dios y entre nosotros.
Por eso, esta Semana Santa nos interpela no solo a creer, sino a revisar nuestras prácticas, para reflexionar si como Cristo construimos comunión y no división; si buscamos el bien común y no la defensa de intereses parciales.
Que el Señor nos conceda la gracia de asumir, en nuestra vida cotidiana, ese estilo de autoridad que Él nos enseñó y que se traduce en el servicio, en la entrega y en el amor que para hacer posible una verdadera comunión.










