Los argentinos tenemos una pasión futbolera que atraviesa a todos. Podría decirse que es el juego de Argentina
Silvia Somaré (ecj)
En una entrevista al Técnico, Lionel Scaloni[1], aparecen muchos valores partiendo de la escucha, del trabajo en equipo, de sentarse todos (jugadores, técnicos, ayudantes) en la misma mesa, llamarse por el nombre, practicar la amabilidad y la empatía, valorar la familia. Reciben con alegría y cariño a los que se integran y respetan sus procesos. Cada jugador es diferente y en el mismo camino de formar un equipo hay una consideración por cada y por sus dones al servicio de todos, del equipo, de Argentina.
Las reglas son claras y se los convoca de igual modo a Messi y al debutante. Y se valora ante condiciones atléticas iguales, al que aporta humanamente más al equipo y si alguien es desafectado es el mismo técnico quien se lo dice, lo anima y no se le cierran las puertas. Y algo muy importante, no hay secretos, manipulaciones, deslealtades. Podría decirse que la verdad, el esfuerzo, el cariño, el compromiso, la sinergia son bases claves. No hay loterías, no hay azar. Y eso nos hace bien a todos y Scaloni les remarca a sus dirigidos que son modelos para los niños y adolescentes. Este juego no deja de ser una buena apuesta.
Simultáneamente hay otro juego en Argentina: las apuestas on line, que también idolatran nuestros niños y jóvenes.
La bienvenida es un bono en billetera virtual, facilita entrar a una plataforma con desconocidos, reina el individualismo, se dialoga con un menú con muchísimas posibilidades de apostar y “ganar” dinero en donde no siempre se gana. No hay rostros que interactúan, no hay escucha, no hay equipo, no hay esfuerzo. Hay manipulación. Hay engaño. Hay solitariedad. Hay apoyos interesados a nivel individual e institucional.
Este juego de Argentina no es una buena apuesta, no nos hace bien.
La invitación es pensar por cuál de los dos juegos apostamos.
[1] Reportaje de Alejandro Fantino en Neura el 2/6/26. Consultado el 20/6/26











